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Tiempo de Savonarolas y Calvinos. La fiesta. Octavio Paz.

Las fiestas y celebraciones de Navidad y Año Nuevo, en el cruce entre el 2011 y el 2012, han pasado pero falta algo menos para las del inicio de la Cuaresma, con su Miércoles de Ceniza y su Carnaval, y Semana Santa y Pascua. Entre fiesta y fiesta, laica, religiosa, o privada, trabajamos, si podemos. Y contra lo que algunos creen, el rito de la fiesta es más parte de nosotros que el rito del trabajo. Por lo demás, cuanto más se aproxime este trabajo a lo que soñamos o a nuestro ideal de vida, más se acerca esta al viejo ideal de hallar nuestra realización personal en ese quehacer diario que suspende el tiempo, que nos hace cambiar de dimensión, viajando entre las cuerdas del espacio-tiempo. Escribir un poema, o este texto, ¿es trabajo o es fiesta? Yo entiendo que lo segundo, pero admito la controversia. Octavio Paz, ese poeta tan grande y tan poco leído, sobre todo en España y en Argentina, al menos cuando yo viví allí, resumió esta disquisición con su habitual contundencia lírica: “Tod...

La prisa. Rilke.

La vida sigue y avanza, inexorable, con nosotros, contra nosotros o sin nosotros, desconocedora por completo del significado que podamos atribuir a este año 2012, nacido en un parto que aúna augurios de milenaristas tradicionales y de desencantados tecnócratas de nuevo cuño, de exégetas de la cultura maya y de predicadores del fin del capitalismo, o de Occidente, o de Todo. La vida, desconocedora de estas cavilaciones, sigue adelante. Sin prisa alguna. Y yo de nuevo luchando con los editores: unos me dicen buenas palabras, formales a veces,  otros responden con calidez. Pero hay que esperar; no hay caso. Hasta aquellos que con los que ya he firmado o apalabrado un calendario de publicación, me piden paciencia. La crisis que nos aprieta, como la vida, tampoco conoce el calendario. Yo lo comprendo; siendo como soy un "worstseller" ya bastante es tener editores que de vez en cuando publican alguno de mis durmientes libros o ensayos. No debo quejarme, me dice algún ...

Los diarios de Carlos Edmundo de Ory.

Los diarios de Ory se presentaron en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, hace ya unos años, en el 2004, pero no había podido leerlos hasta ahora. Recogen sus anotaciones entre los años 1944 y el 2000. En aquella ya lejana presentación estuvieron Luis Eduardo Aute, José Manuel Caballero Bonald y Jesús Fernández Palacios. Ory, mientras tanto, murió en el 2010. Carlos Edmundo de Ory fue una de las pasiones de mi adolescencia y de mi primera juventud, y desde luego su intensa lectura, para bien o para mal, transformó del todo mi gusto literario de la época, que venía lastrado por una tendencia excesiva hacia la contención, siguiendo a Pedro Salinas y a Jorge Guillén. Su libro-antología preparado por Félix Grande lo paseé por medio mundo y sus poemas los recité a todos los amigos que se dejaron o que se pusieron a tiro: ¡tiempo feliz aquel de conversaciones adolescentes interrumpidas por versos! A Félix Grande, que lo vi hace un par de años, en el 2009, en una presentación de libros que s...

Un sólo libro en el corazón de un hombre. Lampedusa. Svevo.

Pasa el tiempo. Ahora sí lo sabemos. Ya no tocamos de oídas. La más dulce tarea de la vida, la leer de nuevas y releer de viejas se desdobla de manera bifronte, mitad y mitad, sobre el tiempo que nos queda libre, ese que nos queda de cuando no estamos luchando por ganarnos el pan. Me consuelo pensando en Joyce dando clases de inglés a Italo Svevo en Trieste, contratado por la Academia Berlitz. La relectura de El Gatopardo produce  sorpresas que uno no había sabido apreciar hace treinta años. Son meandros distintos, pues con toda probabilidad cada edad nos hace mirar el tiempo que nos traspasa con anteojeras distintas. En primer lugar, destaca su modernidad y al tiempo su lejanía de toda corriente pues la situación temporal de la novela, que cuenta desde el 1952-54 sucesos de hace casi 80 o 90 años, es una ida y vuelta de pequeños detalles e incidencias que la alejan por completo de la novela histórica al uso. Este mecanismo de nostalgia y de evocación de lo pasado se pone en marcha...

El sentido del peligro. Borges. Paz.

Que el sentido del peligro determina y que se justifica en sí mismo es algo obvio, poderoso, inmediato, aprehensible y en apariencia injustificable. Y por ello a los soldados, a los conquistadores, a los mercaderes y a los mártires y profetas de cualquier época, religión o patria, no les ha importado caer en la lucha. Y tal vez, sospecho, la misma sospecha que atenazaba a Borges, que no sólo sea cuestión de voluntad sino deseo de rozar un único e íntimo misterio que en ocasiones la realidad nos muestra de soslayo y que los espíritus sedentarios, por oposición a estos, no podemos comprender.  Esos otros, los primeros, aspiran por la vía rápida y tumbativa a dejar sus nombres y sus vibrantes desvaríos en las páginas de la historia, para bien o para mal, tantas veces. Ahora bien, que este sentido del peligro engrandezca y haga más humana, más libre, nuestra condición, es algo que me permito dudar. Aunque incluso en la intención del actor heroico se encuentre este enunciado, este patho...

My Brother´s Keeper. James Joyce.

Ahora que estamos con la idea de la vocación literaria, releo y reviso al azar el libro que Stanislaus Joyce dedicó a su hermano James, y cuya traducción al castellano tuve la suerte de promocionar en mi época de corresponsal o representante de la Editorial Adriana Hidalgo en España. El título para la versión española fue mal elegido. "My Brother´s Keeper", El guardián de mi hermano , tiene una contundencia que no tiene "Mi hermano James Joyce", que supongo que buscaba ser más evidente, o más comercial, a costa de ser menos literario. Sea como fuere, el libro está escrito sin pretensiones de gran literatura y eso le brinda valor a esa Quest for Joyce. Y nos ofrece un escritor sin todas esas muletilllas que consiguen hacer su textos más oscuros y que sólo sirven para alimentar el ego crónico y maniático de los críticos académicos. Por una parte, asistimos al nacimiento del escritor a la vida propia, y al tiempo al derrumbe de la vida familiar, la del origen. Y aunq...

Contracorriente. Gil-Albert. Castaneda.

Alguna palabra más acerca del tema de la vocación, o de la posibilidad de elección propia. Y ojo que no deseo parecer en esto un iluminado o fundamentalista de una intuición que siempre es interpretable, como el oráculo aquel de Delfos que siempre hablaba en clave, con ambigüedad. O tal vez sea un mito personal. O parte de un tipo de formación que ya no se da. Me resisto a creerlo. Y la crisis que vivimos es también una oportunidad para echar el freno, para decrecer, para ralentizar y para centrarnos en otras agendas que no tienen que ver con la espiral de gasto, consumo y depredación de los recursos naturales. Por lo demás, si ya ni el éxito garantizan cuando entregan la cadena, que nos dejen al menos ser libres.  En todo caso, la llama de la libertad vacila siempre, pues sopla sobre ella la eterna duda.Por eso mismo, al final de la idea de providencia o destino, personal o colectivo, anida el infierno de la Solución Final, con Juicio o sin él, lo invoque Hitler o Savonarola. Esa ...