Centro de Arte de Alcobendas, PHotoESPAÑA, hasta el 29 de julio de 2021
Comisario, José Tono Martínez
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Javier Utray (c) Pablo Pérez-Mínguez |
Pablo Pérez-Mínguez o P.P.M., como le gustaba firmar
sus trabajos (1946-2012), Premio Nacional de Fotografía 2006, fue uno de los
artistas y fotógrafos más relevantes del último cuarto del siglo XX en España,
cuando a partir de 1975 se inicia una transición política y cultural radical de
la que él forma parte protagonista, como artista, como agitador, como
aglutinador y como persona, generosa, divertida y siempre invitante a sus
proyectos, como
El Photocentro, y a sus revistas, como
Nueva Lente, por
poner dos ejemplos emblemáticos.
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Sigfrido Martín Begué (c) Pablo Pérez-Mínguez |
P.P.M. fue antes que nada un gran retratista y así se
sentía él, y me siento feliz de haber podido interpretar su legado como
retratista de una época irrepetible y contundente, pues no hay nada más
detestable que aquel que trata de corregir o enmendar lo que el artista que se
ha ido quiso y defendió. Como asiduo visitante que era del Museo del Prado
admiraba y evocaba en sus retratos la contundencia de las escenas, los juegos
de luces y la verticalidad de los grandes retratistas del barroco. Así, por
tanto, como retratista, es como a él gustaba verse y pensarse. Para Pablo,
fotografiar era participar de una ceremonia de posesión articulada en torno a
“un poder hipnótico” que le permitía producir el retrato. Pablo disfrutaba de
ese “fantástico poder de fascinación” con el que desnudaba el alma de aquellos
que se ponían a su disposición. Porque para P.P.M. la fotografía era vida,
happening, algo antiestático y mágico que convertía a su famoso estudio de la
calle Monte Esquinza en ''una mezcla de Freud y de Cabaret''.
Su lema favorito era ''Hay que vivir la fotografía''.
Los años del cambio político en los 70, con sus
esperanzas, su destape y su desencanto; los felices años 80 y lo que luego se
llamó La Movida, de cuyo ambiente festivo y transgresor fue el mejor cronista y
partícipe; la irrupción de la Generación Y del Milenio lanzada sobre un Fin de
Siglo que se lo prometía todo, sin saber lo que venía después: todo ello pasa
por el estudio de P.P.M. Hace muchos años escribí una frase que se hizo viral:
“Si viviste los Ochenta y te acuerdas, es que no los viviste”.
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Radio Futura, Teatro Martín 1979 (c) Pablo Pérez-Minguez |
Gracias a P.P.M.
el retrato personal y colectivo de aquellos años ha quedado fijado en el
tiempo, y lo podemos recordar, y las futuras generaciones, como ya lo hacen
hoy, tendrán que venir a bucear entre sus miles de negativos para entender
aquel periodo mágico de creación y transgresión que cambió la vieja imagen
casposa de aquella España rancia y cateta que el franquismo nos había dejado
como legado. Entre la revista
Nueva Lente que él creó junto a otros amigos
y
La Luna de Madrid con la que él colaboró durante años,
todo lo que
estaba bien atado, quedó desatado, para siempre.
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Fotobsesión", P.P.M., Guillermo Pérez Villalta y
Santiago Auserón (1985) © P.P.M |
Pero junto al artista, está el agitador. Porque a
diferencia de otros artistas, que legítimamente construyen su obra desde un
solipsismo interior, P.P.M. fue un gestor, un pedagogo y un hombre preocupado
por avanzar la cultura de la imagen en España, y la de la fotografía en
particular, que en los años 70 estaba enormemente retrasada, y que, incluso, en
los 80, aún no había entrado en los grandes museos de arte contemporáneo. Su
trabajo en la revista
Nueva Lente, en
El Photocentro después, y
luego en su estudio abierto de la calle Monte Esquinza, fue ejemplar y
determinante para toda una generación de artistas y fotógrafos que él
contribuyó a formar, reunir y bautizar. Ningún otro fotógrafo de su quinta,
ningún profesor de arte o académico, ningún director de museo hizo tanto por
aggiornar
y renovar la fotografía española contemporánea, vinculándola y
reconectándola con la europea y norteamericana.
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Fernando Vijande ca.1981. (c) P.P.M. |
Este es, como digo, parte de su legado colectivo. En
una fecha tan temprana como 1984, en una entrevista publicada en el número 14 de
La Luna de Madrid, realizada por Paco Morales, Pablo, en pleno momento
de fama total vinculada a La Movida, reconoce que su interés entonces es el de
intentar hacer un museo de fotografía en Alcalá de Henares. Por primera vez, añade,
se siente con poder y nos describe ese sentimiento: ''La sensación de
poder como fotógrafo es fantástica, proporciona el hipnotismo que yo necesito
para conseguir mis fines de retrato y rollos con la gente. El poder da mucha
capacidad de hipnotismo. Noto que la gente se pone cada vez más a mi
disposición cuanto más caras cobro las fotos. Esto es muy interesante. Yo
consigo más de ellos y consigo más de mí. Es una fascinación a tope y yo la
uso. Uso la fascinación del poder porque los demás me dejan usarla''.
He aludido a Pablo como retratista principal. Me
gustaría extenderme en este concepto. Porque si Robert Frank retrata a Los
Americanos en los años 50, y Richard Avedon a los famosos de los 60 y los
70, Pablo Pérez-Mínguez hace lo propio con una serie que podríamos bien llamar
Los Modernos de la España del Cambio, donde se entrecruzan las miradas de
los dos maestros citados, pero, añadiendo a la suya propia el concepto central
de atmósfera en la imagen, tomado este de su admirado amigo Bernard
Plossu. al que, en
otro lado, define: ''Amigo de la vida, transparente, exacto y romántico,
fanático de lo simple, compañero, hermano y gran viajero, pero no de fronteras
sino de olores''. En
mi poder obra una carta que me remite con instrucciones detalladas a la hora de
publicar una serie de fotos de Santiago
Auserón, como parte de una entrevista que le habíamos realizado. En ella,
P.P.M. muestra su desvelo como editor, que lo había sido, como decimos de Nueva
Lente, y ello es algo que lo distinguía de otros fotógrafos que no ponían
tanto interés en la manera de ver publicadas sus fotografías.
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Divina May ca. 1981. (c) |
En esa carta, Pablo, junto a las cinco imágenes que
nos remite, se preocupa para que su concepto de "atmósfera" se
traslade, junto con la imagen, a las páginas de la revista. Dice Pablo,
describiendo su proceso, que, por otra parte, es trasladable a otros retratados
presentes en esta exposición:
"A cada
personaje invitado saco CINCO FOTOS, siempre con el mismo formato
blanco/blanquísimo e iluminación uniforme: ¡SIEMPRE EN EL MISMO ORDEN DE
MOTIVACIÓN! (las fotos van numeradas por
detrás):
1- LA
INEXPRESIÓN DEL ROBOT. (INEXPRESIÓN).
2- EL
DESPRECIO A LO MÁS DESPRECIABLE. (DESPRECIO).
3- GUSTANDO
CON SIMPATÍA. (SIMPATÍA).
4- MALESTAR
INTENSO/INTERNO (DOLOR).
5- CLARIDAD
FRENTE AL MILAGRO (ÉXTASIS)...
Este cuidado en retratar y reflejar la psicología y la
"atmósfera” del retratado y la secuencia temporal y emocional en la que
debe ser mostrada su obra, que siempre es más importante que el espacio,
nos habla de la delicadeza de su trabajo de estudio, y, hoy, de la dificultad
para mostrarlo, pues no siempre tenemos a mano instrucciones tan precisas como
las que yo entonces, hace 35 años, tenía.
Respecto de su papel intelectual,
estudioso, y promotor de la fotografía, al que antes hice referencia, no hay
nada mejor que recordar sus propias palabras. Así, en otra entrevista de época,
en esta ocasión en el número 31 de septiembre de 1986 dedicada a Nueva Lente,
y realizada por Juan Ramón Yuste y Javier Olivares, P.P.M., hace un repaso de
las generaciones anteriores a la Quinta, y dice:
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Eduardo Momeñe ca. 1980. (c) P.P.M. |
''En la Primera Generación estarían los
primitivos hasta Ortiz de Echagüe, Joaquim Pla Janini, Montserrat... La Segunda
(en los 20) sería la de los primeros artistas, los herederos de Echagüe, que
era un genio total: Catalá- Roca, Centelles, los Cantero, las grandes
sociedades fotográficas, Barceló. La Tercera sería la de los desgraciados, la
generación perdida, los agonistas. Los que rondan la cincuentena. Los que
llenaban las páginas de ''Imagen y Sonido'' y ''Arte Fotográfico'' en los 60:
Schommer, Miserachs, Maspons, Massats... Papel duro, grano y salonistas. La
Cuarta seríamos nosotros, los fundadores de NL y los Socias, Molina... Los más
''yuppies'', los que ahora rondamos los cuarenta. Somos más surrealistas,
teníamos otro techo que no eran los salones. La Quinta da entrada al color, a
la fotografía como concepto y expresión (la que cobijaba NL), a la autocrítica,
al diseño... Aquí estarían Fontcuberta, Villasante, Guardans, Vallhonrat, Gorka
Dúo, tú (Yuste) y, en definitiva, los que salieron en aquel NL del 74. Y
algunos más. Eran los modernos. Luego vinieron los posmodernos: Alix, Ouka Leele,
Paco Navarro... Estos ya serían la Sexta Generación. Y la Séptima sería la que
hay que buscar ahora: la de los nacidos en el 63 para adelante. La de Alcalá de
Henares, el hijo de Canogar... De todas formas, ahora no haría tanta falta
estas cosas, ni NL ni movidas. Está todo más normalizado''.
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Torero Cordero, (Ignacio Gómez de Liaño) 1972, Nueva Lente, (c) P.P.M. |
Aquella entrevista se titulaba,
como he comentado arriba, ''Hay que vivir la fotografía'' porque para Pablo, que
tenía la fotografía en la cabeza: “LA FOTOGRAFÍA siempre fue para mí mucho más
que un arte: es fiesta, es participación, es contagio, es entusiasmo, es
alegría de VIVIR, es comunicación, es recuerdo, es Tiempo... ¡es CULTURA!
Finalmente, debo decir que si
para P.P.M. la fotografía era un arte de colaboración, no menos lo puede ser el
de mostrarla y exhibirla. Así, esta muestra está en deuda con muchas personas e
instituciones. En primer lugar, esta
exposición, que trata de reflejar el trabajo de P.P.M. como retratista
conceptual, pop, kitsch, posmoderno y místico a través de todas sus etapas, se
completa con una muestra inédita de sus diarios, reflexiones y aforismos de P.P.M., un biopic personal que nos muestra por primera vez imágenes inéditas
de su periplo vital, en una cronología preparada por su sobrina Rocío
Pérez-Minguez. Sin el esfuerzo de Rocío, esto no hubiera sido posible.
En segundo lugar, debo mencionar
al Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, a su directora, Mª Nieves Sobrino
García, que custodian una gran parte del legado P.P.M. de manera ejemplar; a
los coleccionistas privados que tan amablemente han apoyado y aconsejado en el
proceso de selección. En tercer lugar, al Centro de Arte de Alcobendas, y su
directora Mª Paz Guadalix y su equipo de montaje, un centro que atesora una
colección de fotografía nacional de primer orden; en cuarto lugar, a Eva
Vizcarra, realizadora del documental producido por Endora Producciones, "P.P.M.
Divertirse es un arte", premiado por la Comunidad de Madrid y que
amablemente nos han cedido, y, al fin, a todas las personas que han colaborado
en la formalización y materialización de esta exposición, y muy en especial al
equipo de diseño que me ha acompañado en este proceso, encabezado Pablo Gonzalez de PeipeSL.
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"Pedro Almodóvar y Fabio McNamara" (1981) © P.P.M. |
Qué pena que no tengamos museos nacionales que cataloguen, conserven, coleccionen y muestren la obra de los grandes artistas españoles.
“LA FOTOGRAFÍA siempre fue para mí
mucho más que un arte: es fiesta, es participación, es contagio, es entusiasmo,
es alegría de VIVIR, es comunicación, es recuerdo, es Tiempo... ¡es CULTURA!" P.P.M.
P.P.M. colaboró con La Luna de
Madrid, desde el nº O, y desde el 1, con su primer autorretrato en 1983, en el
agua del mar, tras su visita al Balneario de Carratraca, hasta el final de la
revista en 1988. P.P.M, junto con Bárbara Allende-Ouka Leele, Juan Ramón Yuste,
Alberto García Alix, Antonio Bueno, Jaime Gorospe, Gonzalo de la Serna, Ana
Torralva, Eduardo Momeñe, Javier Campano, Juan Manuel Castro Prieto, Domingo. J
Casas, Miguel Oriola, Humberto Rivas, Miguel Trillo, fueron, entre otros
muchos, algunos de los fotógrafos que hicieron que la Luna de Madrid fuera
posible, y la revista está marcada por todos ellos. De hecho, hicimos un número
especial con la colaboración de Carlos Serrano GAD y Keko Yuste, dedicado a Nueva
Lente, donde Pablo explicó su visión de la fotografía.