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Mostrando entradas de enero, 2011

La vida cotidiana. Proust.

Siempre me han gustado los libros de fragmentos, los libros que se han construido como la vida misma, a golpes de ingenio, tal vez porque desconfío profundamente de las articulaciones modélicas, de los sistemas, de las sistematizaciones, de eso tan alemán que son las cosmovisiones. Y es que al final la vida nos enseña que eso de la coherencia y la línea recta es una invención, una teoría, en ocasiones muy dañina, casi siempre atentatoria a la libertad. Por eso mismo me gustan los presocráticos, porque ya fuera porque eran así o ya fuera por el ejercicio del tiempo, lo cierto es que nos han llegado cargados de dudas, de aclaraciones, de oscuridades y ambigüedades que no acabamos de discernir del todo. Por eso mismo me gustan los diccionarios de palabras y de conceptos, el I Ching y las antologías de poesía: los podemos abrir por cualquier parte como si nuestra sorpresa fuera su apariencia de la verdad.  Supongo que de nuevo hay ahí algo de descrédito hacia los libros de largo alient...

La histeria de los pueblos, y de las personas. Robert Musil.

Los historiadores, que son los escritores de la patrias y los pueblos y todos esos sujetos colectivos tan molestos para nosotros, los escritores y los poetas, nunca han dejado de ser y de ocupar el lugar de los antiguos cronistas, coronistas , encargados de glosar las hazañas de reyes y prelados. Son coronistas, en el sentido de que no sirven a Cronos sino a la Corona o a la Tiara. Por eso sus crónicas, sus relatos, son más exactos que los nuestros, pero menos ciertos. En todo caso, su abundancia de datos y citas no les hace ser más veraces que nuestras interpretaciones noveladas o filosofadas de lo que pasó en tal o cual periodo histórico. Las numerosas pruebas que presentan para demostrar su objetividad es la prueba de su mentira. Por esto mismo cada nación, pueblo o tribu, batalla por imponer su visión y la de sus cronistas de soldada. Un ejercicio siempre útil consistiría en estudiar la historia de un país contada por los cronistas de la nación rival. Pero eso equivaldría a desarma...

Sinceridad e intuición. Kandisnky.

¿Existe algo parecido a la verdad en el artista, en el escritor? Tal vez pueda existir una verdad en el escritor que tenga que ver con la sinceridad, allí donde sinceridad e intuición se funden, buscando la obra. Y aún así esta sinceridad no es real. El oficio de escritor es el oficio de mentir, y cuanto mejor se miente más grande es el arte, y mejor escritor se es. Mentir sinceramente, eso sí. Y esta sinceridad no es sino el deseo de cumplir con un mandato propio, el de la propia intuición; hacer bien las cosas, hilar fino... Por todo ello, el peor enemigo del escritor, y lo que arruina a tantos, es la impaciencia, la codicia por llegar a la nombradía, por alcanzar la esquiva fama. Para todos hay un final, y luego nos quedan los libros. Quizá por ello Vasili Kandisnky insistía en el valor primordial de la intuición, sobre todo en los comienzos, dejándose llevar por ella, con toda sinceridad y empuje. Así, nos decía, "lo artísticamente verdadero sólo se alcanza por la intuición.....