La histeria de los pueblos, y de las personas. Robert Musil.
Los historiadores, que son los escritores de la patrias y los pueblos y todos esos sujetos colectivos tan molestos para nosotros, los escritores y los poetas, nunca han dejado de ser y de ocupar el lugar de los antiguos cronistas, coronistas , encargados de glosar las hazañas de reyes y prelados. Son coronistas, en el sentido de que no sirven a Cronos sino a la Corona o a la Tiara. Por eso sus crónicas, sus relatos, son más exactos que los nuestros, pero menos ciertos. En todo caso, su abundancia de datos y citas no les hace ser más veraces que nuestras interpretaciones noveladas o filosofadas de lo que pasó en tal o cual periodo histórico. Las numerosas pruebas que presentan para demostrar su objetividad es la prueba de su mentira. Por esto mismo cada nación, pueblo o tribu, batalla por imponer su visión y la de sus cronistas de soldada. Un ejercicio siempre útil consistiría en estudiar la historia de un país contada por los cronistas de la nación rival. Pero eso equivaldría a desarma...