Número 50 de La Luna de Madrid, 2026. Homenaje a Pablo Pérez-Mínguez
Del Editorial de La Luna de Madrid, 2026
Tenemos en las manos lo que hemos llamado simbólicamente el número 50 de La Luna de Madrid, la que fue, sin duda, una de las grandes revistas del llamado periodo de la transición cultural de los años 80, y que en otros pagos y horizontes se denomina Movida de Madrid. Y está muy bien que este número 50, Segunda Época, sea un especial dedicado a Pablo Pérez-Mínguez (1946-2012), uno de los grandes fotógrafos del momento, un Premio Nacional de Fotografía (2006) y un artista que estuvo siempre vinculado a la revista La Luna de Madrid, desde la creación de su número cero en 1983 hasta su final en 1988.Los tres directores que dirigimos la revista, Borja Casani (1983-85), quien esto escribe (1985-87) y Javier Timermans (1988), siempre contamos con la generosidad y el entusiasmo de P.P.M. Y no son palabras gratuitas. Hay una frase del propio Pablo que circula por ahí en los medios que dice que “en los 80 había que estar en La Luna de Madrid, del mismo modo que en los 70 había que estar en Nueva Lente”, revista que él animó y codirigió con Carlos Serrano, Jorge Rueda y con otros colaboradores, muchos de los cuales fueron luego partícipes del espacio experiencia que se llamó El Photocentro.
Mucho antes de que existieran las fiestas del Orgullo Gay, y mucho antes de que existieran las plataformas vindicativas de derechos LGTBIQA+, P.P.M. se adelantó como partícipe de numerosos proyectos editoriales en las revistas de la época. Para P.P.M., el desnudo masculino fue una parte central de su trabajo que no siempre pudo mostrar. Como asiduo visitante que era del Museo del Prado, admiraba y evocaba en muchas de sus imágenes la contundencia de las grandes escenas mitológicas, los juegos de luces y la verticalidad de los grandes retratistas del Barroco. En la línea de sus provocadoras series y títulos como Dioses y Reinas o Vírgenes y Mártires, hemos titulado la presente exposición Pastores y Dioses.
La presente selección en el Espacio Monopol del recién inaugurado Hotel Nômade Temple, que apuesta por una cultura de vanguardia en el siglo XXI, en la Gran Vía madrileña, recoge fotografías de los modelos masculinos a los que Pablo llamaba Luzbeles o Nuevos Luzbeles, y que desfilaban por su Casa-Estudio de la calle Monte Esquinza Nº 14. Para Pablo, divertirse era un arte, y sostenía que la fotografía tenía un poder hipnótico que le permitía poseer a sus retratados, captar su atmósfera para re/crear personajes de la historia del arte o de su imaginación. Lo hacía allí, en esa Factory Warholiana donde posaron amigos de la cultura y de la Movida madrileña, de la que Pablo fue el gran retratista. Por eso está muy bien que esta exposición se realice a iniciativa de la Asociación de Amigos para la Creación de un Museo de la Movida Madrileña, liderado por Carlota Casado y Elisa Bracci.
| El beso de Judas, 1986 |

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