Nos falta Riego.
He pensado hoy en Rafael de Riego, tras visitar ayer a mi amigo Carlos Alberdi, en la Biblioteca Nacional de Madrid. En su despacho hay un pequeño retrato del general, que Carlos me ha mostrado en alguna ocasión. Ayer también me habló Carlos de algunos de sus legados, objetos y cartas que guarda esa ilustre casa. No los diré aquí, pues quedan para otro día. Riego nació en 1784 en Tuña, Concejo de Tineo, en el corazón de Asturias, y murió ahorcado en la Plaza de la Cebada de Madrid, en 1823, ya prisionero de Fernando VII, el rey Felón, y una vez que los 100.000 hijos de San Luis, en representación de la Santa Alianza, hubieran derrotado a las fuerzas liberales que habían gobernado durante el Trienio liberal, entre 1820 y 1823, en nombre de la re-instaurada Constitución de 1812, De aquellos polvos, estos lodos. Sí, nos falta Riego, y todo lo que no fue España. Sí, qué difícil sigue siendo España. Son días de inminentes pactos, (esto parece una broma), estos de enero de 2016...