Entradas

Mostrando entradas de 2012

Si esto es un gesto. Primo Levi.

¿Se suicidó Primo Levi, arrojándose desde el tercer piso de su propia casa, en Turín, en 1987? ¿O acaso un accidente absurdo nos ha colocado a todos los que le seguimos y le seguiremos en el trance de descifrar ese último gesto, si es que fue un gesto? En Si esto es un hombre y el La Tregua , Levi nos brinda el más hermoso recuento de cómo sobrevivir a la barbarie, conservando la inocencia y la dignidad del vencido. Conservando ese poder de seguir adelante, pese a todo, que en la literatura próxima al Holocausto sólo hallamos en otras obras hermanas como La escritura o la vida , de Jorge Semprún o en Sin destino , de Imre Kertesz. Pero la pregunta por este no-gesto de Levi sigue en el aire. Todos los suicidios son un acto de resistencia a la muerte, un acto de precipitación mediante el que tratamos de escapar a nuestra hora, tal vez predestinada desde el origen de los tiempos, y en el que decimos: "sobre mi vida mando yo, eligiendo precisamente el momento de mi muerte". E...

Mensaje e Instinto. Y Alberto Caeiro.

No sé si podemos acordar en que una gran parte de las obras literarias que nos conmueven tuvieron en el momento de su gestación, y desde luego en el de su recepción,   una finalidad extraliteraria. Son inmortales y perduran, primero, por su calidad intrínseca, pero en segundo lugar porque esa calidad sólo reluce porque incorpora, en el entramado complejo de su mensaje, un sentido del compromiso de orden político, –en su vertiente religiosa o social– que, con claridad, percibimos de una forma intuitiva, directa, empática, al margen o por encima de dicha calidad. Entre forma y fondo advertimos un enlace que actúa sobre nuestra consciencia a modo de disparadero, actuando sobre esas capas profundas y primitivas de nuestro ser antiguo, más allá de la memoria, o tal vez sobrevolándola, hacia el origen. Esto que digo se hace evidente, o se torna como prueba, en el caso de las obras traducidas de lejanas lenguas, o que proceden de inextricables culturas, allí donde la forma se nos ha...

Éxitos o malentendidos. Lawrence Durrell.

La relación del poeta, del autor por antonomasia, en particular, con su obra, siempre estuvo en general más ligada con el sentido de la gloria por alcanzar y de la memoria por dejar, en esas obras, que con el público que la leyere en ese momento. No quiero decir que eso último no importase. Para nada. Siempre que ha habido cierto sentido de democracia, de tolerancia a la hora de emitir la opinión, y por tanto público dispuesto a recibir doctrina o arte sin castigo, ya fuera en tiempos de Grecia o en los nuestros burgueses, el autor ha cortejado el decir de la gente, aunque sólo fuera por aquello de la necesidad de sentirse parte del mundo. Casi podemos pensar lo mismo de filósofos y profetas; y por supuesto de novelistas. Incluso en estos años de crisis que nos acercan a todos, autores minoritarios y mayoritarios, de inéditos o de réditos, ¿acaso puede haber un escritor digno de tal nombre que no sacrificaría gustoso, si se le pudieran ofrecer seguridades, el éxito de hoy por la fa...

Morir, mutis por el foro, salir. Vicente Aleixandre.

¿Importa tanto la salida?, ¿el último gesto?, ¿la última palabra?, ¿importa eso más que la vida, que toda la vida, o que los mejores momentos de la vida?, ¿por qué estamos tan pendientes de ese instante que debe ser sin duda insignificante si lo colocamos en la perspectiva de una vida completa? Y sin embargo así sucede.    Hace menos de un mes ha muerto mi hermano mayor, de cáncer, sólo tenía 58 años. Y entre todas las cosas que se dicen, entre familiares y amigos, está esta de saber qué pensaba o qué no pensaba, o qué decía o dijo, a solas, o al descuido, o en actitud de complicidad o tal vez medio ido, mientras su vida se iba apagando. Un amigo atesora una frase que otro no oyó, otro hermano, un consejo o una súplica, una enfermera, una actitud que siempre se presume valiente en el trance. El médico, en su papel, despachando enfermos y candidatos a finados. Con prórroga o sin ella. En fin, nadie sabe nada. Y como en el teatro, o en la novela, el punto final de la vida e...

Antonio Di Benedetto: Ciegos. Todos los adultos eran ciegos. Los niños, no.

Antonio di Benedetto es uno de mis autores secretos , uno de esos “imperdibles” como se decía en Buenos Aires, en mi época argentina, que me reconfortan con el oficio de escritor dispuesto a volcarse sobre el papel, tal vez como un ciego que sueña con esa luz que lo ha de volver a la noche de todos, por ponernos en tesitura Di Benedetto. La lectura de su obra, es una de las más conmovedoras y reveladoras de la condición humana terrible y desesperada a que ha llegado el ser humano en este siglo bárbaro en el que todo se sabe, pues antes, la ignorancia del dolor, tal vez nos excusaba del deber. He dicho siglo, pues es común noticia decir que el XX comenzó en 1914, pero todavía no ha terminado, y aquí debo corregir a quienes proponen que dicho periodo acabase en 1989, con la Caída del Muro de Berlín. No, rotundamente no, seguimos en el XX. Y tras la barbarie totalitaria ha llegado la barbarie que sacrifica en el reino de la cantidad los pocos usos y valores sanos y decentes que nos había...

Heraldos e intérpretes. Ferlosio.

Un amigo me comentó hace poco un sucedido que no sé si merece una reflexión desde el oficio de escribir: la lectura semanal de los suplementos literarios se hace de día en día irrelevante, me dijo. Se refería sobre todo a los que se escriben desde los grandes medios de comunicación. Sí, lo que allí se dice importa poco, parece ser. Y lo que se dice a modo de guía o anuncio en muchas ocasiones preludia una decepción cuando por fin tenemos el libro anunciado en las manos. Salvo cuando se habla de clásicos, o de reediciones y traducciones de maestros que uno ya conoce, sucede con demasiada frecuencia que compra uno un libro que es novedad de la que el heraldo nos ha prometido mil primicias que luego vienen a trocarse en archisabidos clichés.    Bueno, no sé si esto ha sido siempre así, o sucede tal vez que se hace preciso abandonar estos decepcionantes dispositivos y confiar en las revistas independientes. Con amigos yo tuve y dirigí revista durante años, La Luna de Madr...

La Marcha Nº 1 de Edward Elgar: apuntes de la vida literaria, y de la muerte.

Entrar en la década personal de los cincuenta ha tenido unos efectos colaterales inesperados.  Durante los últimos dos o tres años han muerto de repente varios de mis amigos de generación vital y artística, amigos con los que compartí aventuras de todo tipo, con los que me formé y con los que viví aquellos años ochenta de los que ya he escrito en otras ocasiones aunque no aquí. Para esto sigue siendo válido o útil el epígrafe que inventé para mi tesis doctoral, reutilizado más tarde para algunos ensayos que he ido publicando por aquí por o por allá, sobre todo en Claves de Razón Práctica o en Revista de Occidente : “Si viviste los ochenta y te acuerdas, es que no los viviste”. Es frase que hizo fortuna, y que ya tiene vida propia. Esta precariedad que se alcanza cuando se llega a los cincuenta me la había anticipado Eudald Carbonell, el paleontólogo de Atapuerca. Hace unos años, en el 2006, caímos por Atapuerca,  Javier Conde y yo, con la idea de organizar una presentación ...

Tiempo de Savonarolas y Calvinos. La fiesta. Octavio Paz.

Las fiestas y celebraciones de Navidad y Año Nuevo, en el cruce entre el 2011 y el 2012, han pasado pero falta algo menos para las del inicio de la Cuaresma, con su Miércoles de Ceniza y su Carnaval, y Semana Santa y Pascua. Entre fiesta y fiesta, laica, religiosa, o privada, trabajamos, si podemos. Y contra lo que algunos creen, el rito de la fiesta es más parte de nosotros que el rito del trabajo. Por lo demás, cuanto más se aproxime este trabajo a lo que soñamos o a nuestro ideal de vida, más se acerca esta al viejo ideal de hallar nuestra realización personal en ese quehacer diario que suspende el tiempo, que nos hace cambiar de dimensión, viajando entre las cuerdas del espacio-tiempo. Escribir un poema, o este texto, ¿es trabajo o es fiesta? Yo entiendo que lo segundo, pero admito la controversia. Octavio Paz, ese poeta tan grande y tan poco leído, sobre todo en España y en Argentina, al menos cuando yo viví allí, resumió esta disquisición con su habitual contundencia lírica: “Tod...