La desesperante esperanza. Bergamín. Homero.
Los sueños, las utopías y el pensamiento de la esperanza no parecen estar de moda en estos tiempos. No hemos hechos tan acomodaticios al principio de realidad que este ejercicio de realismo extremo nos ha convertido en marmotas, en habitantes de sofás. Si nada puede hacerse, lo mejor que podemos hacer es escoger una buena butaca del salón y desde allí sentarnos a contemplar cómo pasa el mundo..., a través de la pantalla de plasma del ordenador. Plasmados nos vamos a quedar, como hojas de papel en blanco, mientras la gente en las calles de Argel, Tánger o El Cairo reclaman un techo libre bajo el sol, o un metro cuadrado de sabre de aquella famosa Arabia feliz. En los años treinta y cuarenta del siglo XX, sin embargo, la virtud de la esperanza fue casi el único resorte moral que quedó disponible para quienes aún se atrevieron a rebelarse contra la barbarie. Con la esperanza, liberada entre nosotros por primera vez de su carga redentorista cristiana, teleológica, se im...