Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2011

La desesperante esperanza. Bergamín. Homero.

Los sueños, las utopías y el pensamiento de la esperanza no parecen estar de moda en estos tiempos. No hemos hechos tan acomodaticios al principio de realidad que este ejercicio de realismo extremo nos ha convertido en marmotas, en habitantes de sofás. Si nada puede hacerse, lo mejor que podemos hacer es escoger una buena butaca del salón y desde allí sentarnos a contemplar cómo pasa el mundo..., a través de la pantalla de plasma del ordenador. Plasmados nos vamos a quedar, como hojas de papel en blanco, mientras la gente en las calles de Argel, Tánger o El Cairo reclaman un techo libre bajo el sol, o un metro cuadrado de sabre de aquella famosa Arabia feliz. En los años treinta y cuarenta del siglo XX, sin embargo, la virtud de la esperanza fue casi el único resorte moral que quedó disponible para quienes aún se atrevieron a rebelarse contra la barbarie. Con la esperanza, liberada entre nosotros por primera vez de su carga redentorista cristiana, teleológica, se im...

Las seguridades aparentes. Sebald, Coetzee.

W. G. Sebald y J. M. Coetzee son dos encuentros con la literatura que amo, con esa literatura transformadora del mundo y de uno mismo al tiempo, allí donde la lectura puede ser un escollo para seguir viviendo igual que antes, o una tabla de salvación. Sebald: alemán no alemán transportado a Inglaterra. Coetzee, bóer sudafricano transformado en errante superviviente de un mundo prendido de la culpa; la culpa de un colonialismo y de un pasado que cada uno lleva como puede. Vértigo , del alemán y Esperando a los bárbaros , del bóer, son libros hermanos, libros que nos obligan a plantearnos la linde de este mundo de seguridades aparentes y comodidades occidentales que, en cualquier momento, comienzan a desdibujarse, a decirnos muy poco. Mi compañero de algunas rutas y admirado Fernando Savater seguro que diría, « ya, déjame a mí con esas seguridades aparentes y esas comodidades, que es justo lo que otros desean..., y anhelan » . En todo caso, son estos dos libros incómodos, inquietante...

Una "clase" de honestidad. Semprún, Malraux, Levi.

Jorge Semprún es el reflejo en el espejo de André Malraux para España, tanto en lo literario como en lo político, y en ese modelo de escritor mitad aventurero mitad conspirador al estilo de ese Eugenio de Avinareta que nos retratase el pariente de este, Pío Baroja. Hubo muchos que le van a la zaga a estos revolucionarios y y agitadores que produjo el siglo XX por millares, sobre todo en su primera parte, la heróica, la trascendentalista. Y por ambos profeso rendida admiración. Con todo, hay algo en el contar de Semprún que no termina de cerrar del todo: tiene que ver con la posición, con el lugar desde donde uno escribe. Puede que en todo caso haya un exceso de evidencia que pudiera resultar innecesaria. Una falta de naturalidad. Sea como fuere, "La escritura o la vida" (1994), emparentada con "La tregua" (1962) de Primo Levi, es un extraordinario ejemplo de cómo la literatura puede hacernos superar la barbarie. Su metáfora más importante, poética en un gran lector ...

Lo que dejamos en los libros. Bruno Schulz

Regresar, volver, retornar, desandar. La obligación de pertenencia que uno siente nos sitúa ante la paradoja de emplear cada tanto estos verbos, como quien se pone una vieja chaqueta que las nuevas modas han convertido en ademán excéntrico. En ese mismo armario, o al abrir las cajas arrumbadas en el trastero de la enésima mudanza, aparecen los signos y las evidencias de todo nuestro tiempo en el mundo. Porque en cada uno de nosotros palpita eso, ni más ni menos, todo el tiempo del mundo. Entre cajas, luchando por salir de los cartones, aparecen las voces, lo que se dijo y lo que no se dijo, los retratos individuales de los que hoy ya no constan en el Registro de Hacienda. Seguir adelante cada día es eso, abrir y cerrar cajas para enterrar evidencias, para olvidar nombres y personas de lugares, días, por no indagar en nuestra sedicente precariedad y consciencia de que al final del trastero hay una caja que nos espera, que otros abrirán y cerrarán con parecida indulgencia sin que merezca...

Extraterritorialidad del escritor. Gombrowicz, Borges, Saer, Denevi.

Sin dejar de ofrecer interesantes coincidencias posicionales, más que otra cosa evidente para el lector -la común extraterritorialidad y marginalidad respecto de la cultura occidental y europea, Borges por argentino, Gombrowicz por exiliado-, no deja de ser curioso al tiempo que loable el intento que realiza Juan José Saer en 1990 para desagraviar al polaco del trato recibido por la sociedad argentina literaria de cuarenta años atrás. Dicho intento le honra en cuanto que proclama un gusto y una admiración literaria que compartimos muchos: los suficientes para preservar la fe en unas cuantas manías que difícilmente constituyen una secta. Claro que el esfuerzo en buscar coincidencias entre Borges y Gombrowicz, y entre este y la Argentina, llevan a mi admirado y llorado Saer hacia propuestas desafortunadas. Lo digo con verdadero cariño del devoto lector y con la camaradería bien dispuesta, fruto de una noche memorable en Madrid, noche de vino y rosas, acompañado de su mujer, Manuel Imaz y...

El deber, y la precaria eternidad del escritor. Norbert Elias.

En su momento, comenté contigo una idea relativa al deber, al deber del escritor, que por otro lado no se debe separar mucho del concepto del deber que tiene por lo demás cualquier persona. Quiero decir con esto que al ser humano le queda y le aguarda la elección del deber, de su deber, como quizá su rasgo más humano de todos los posibles. La ética contemporánea siempre ha enfatizado esta cuestión del deber como nuestra relación con los otros pero desde nuestra propia elección. Es esta la tradición ilustrada: no hay, por así decirlo, libertad muda o hibernada, en estado de silencio, salvo tal vez en la infancia, sino que esta se manifiesta a sí misma cuando se pone en movimiento: en relación con los otros. Y esta relación se produce a modo de oportunidad, no de obligación. Es aquí donde intervienen las reglas de la paridad, el intercambio y todo aquello que excluya el dominio y la jerarquía no elegida. Y aún con esto debemos tener mucho cuidado, pues el deber tampoco es un absoluto y ...