LOS COMENTARIOS

To the Happy Few: espero que estos comentarios y las otras ideas o divagaciones que siguen en la bitácora presente puedan ser de alguna utilidad a quien quiere seguir o ya está en este oficio o carrera de las letras, ya porque sea muy joven y no tenga a quién acudir, o ya porque no siendo joven de cuerpo sí lo sea de espíritu, y desee o considere que es adecuado, con toda llaneza, combatir de este modo que ofrezco el aburrimiento...

Las reglas de uso que propongo al usuario son simples: que tus comentarios busquen la contundencia de la piedra lanzada y suspendida en el aire, buscando allí afinar la idea.

Deseo también que estos pequeños dardos de este diario personal que aquí inicio sirvan como disparadero de ideas para otros proyectos ajenos destinados a otros espacios.

Por último, los diálogos que se produzcan los consideraré estrictamente privados. Y no es preciso poner punto final a los mismos, pues incluso los ya transitados pueden recrudecerse pasado un tiempo.

jueves, 29 de abril de 2021

PABLO PÉREZ-MÍNGUEZ: RETRATOS. (La Movida revisitada)

Centro de Arte de Alcobendas, PHotoESPAÑA, hasta el 29 de julio de 2021
Comisario, José Tono Martínez

Javier Utray (c) Pablo Pérez-Mínguez
Pablo Pérez-Mínguez o P.P.M., como le gustaba firmar sus trabajos (1946-2012), Premio Nacional de Fotografía 2006, fue uno de los artistas y fotógrafos más relevantes del último cuarto del siglo XX en España, cuando a partir de 1975 se inicia una transición política y cultural radical de la que él forma parte protagonista, como artista, como agitador, como aglutinador y como persona, generosa, divertida y siempre invitante a sus proyectos, como El Photocentro, y a sus revistas, como Nueva Lente, por poner dos ejemplos emblemáticos.

Sigfrido Martín Begué (c) Pablo Pérez-Mínguez
P.P.M. fue antes que nada un gran retratista y así se sentía él, y me siento feliz de haber podido interpretar su legado como retratista de una época irrepetible y contundente, pues no hay nada más detestable que aquel que trata de corregir o enmendar lo que el artista que se ha ido quiso y defendió. Como asiduo visitante que era del Museo del Prado admiraba y evocaba en sus retratos la contundencia de las escenas, los juegos de luces y la verticalidad de los grandes retratistas del barroco. Así, por tanto, como retratista, es como a él gustaba verse y pensarse. Para Pablo, fotografiar era participar de una ceremonia de posesión articulada en torno a “un poder hipnótico” que le permitía producir el retrato. Pablo disfrutaba de ese “fantástico poder de fascinación” con el que desnudaba el alma de aquellos que se ponían a su disposición. Porque para P.P.M. la fotografía era vida, happening, algo antiestático y mágico que convertía a su famoso estudio de la calle Monte Esquinza en ''una mezcla de Freud y de Cabaret''. Su lema favorito era ''Hay que vivir la fotografía''.

Los años del cambio político en los 70, con sus esperanzas, su destape y su desencanto; los felices años 80 y lo que luego se llamó La Movida, de cuyo ambiente festivo y transgresor fue el mejor cronista y partícipe; la irrupción de la Generación Y del Milenio lanzada sobre un Fin de Siglo que se lo prometía todo, sin saber lo que venía después: todo ello pasa por el estudio de P.P.M. Hace muchos años escribí una frase que se hizo viral: “Si viviste los Ochenta y te acuerdas, es que no los viviste”.

Radio Futura, Teatro Martín 1979  (c) Pablo Pérez-Minguez

Gracias a P.P.M. el retrato personal y colectivo de aquellos años ha quedado fijado en el tiempo, y lo podemos recordar, y las futuras generaciones, como ya lo hacen hoy, tendrán que venir a bucear entre sus miles de negativos para entender aquel periodo mágico de creación y transgresión que cambió la vieja imagen casposa de aquella España rancia y cateta que el franquismo nos había dejado como legado. Entre la revista Nueva Lente que él creó junto a otros amigos y La Luna de Madrid con la que él colaboró durante años, todo lo que estaba bien atado, quedó desatado, para siempre.[1]

Fotobsesión", P.P.M.,
 Guillermo Pérez Villalta
y Santiago Auserón (1985) © P.P.M

Pero junto al artista, está el agitador. Porque a diferencia de otros artistas, que legítimamente construyen su obra desde un solipsismo interior, P.P.M. fue un gestor, un pedagogo y un hombre preocupado por avanzar la cultura de la imagen en España, y la de la fotografía en particular, que en los años 70 estaba enormemente retrasada, y que, incluso, en los 80, aún no había entrado en los grandes museos de arte contemporáneo. Su trabajo en la revista Nueva Lente, en El Photocentro después, y luego en su estudio abierto de la calle Monte Esquinza, fue ejemplar y determinante para toda una generación de artistas y fotógrafos que él contribuyó a formar, reunir y bautizar. Ningún otro fotógrafo de su quinta, ningún profesor de arte o académico, ningún director de museo hizo tanto por aggiornar y renovar la fotografía española contemporánea, vinculándola y reconectándola con la europea y norteamericana.
Fernando Vijande ca.1981. (c) P.P.M.

Este es, como digo, parte de su legado colectivo. En una fecha tan temprana como 1984, en una entrevista publicada en el número 14 de La Luna de Madrid, realizada por Paco Morales, Pablo, en pleno momento de fama total vinculada a La Movida, reconoce que su interés entonces es el de intentar hacer un museo de fotografía en Alcalá de Henares. Por primera vez, añade, se siente con poder y nos describe ese sentimiento: ''La sensación de poder como fotógrafo es fantástica, proporciona el hipnotismo que yo necesito para conseguir mis fines de retrato y rollos con la gente. El poder da mucha capacidad de hipnotismo. Noto que la gente se pone cada vez más a mi disposición cuanto más caras cobro las fotos. Esto es muy interesante. Yo consigo más de ellos y consigo más de mí. Es una fascinación a tope y yo la uso. Uso la fascinación del poder porque los demás me dejan usarla''.

He aludido a Pablo como retratista principal. Me gustaría extenderme en este concepto. Porque si Robert Frank retrata a Los Americanos en los años 50, y Richard Avedon a los famosos de los 60 y los 70, Pablo Pérez-Mínguez hace lo propio con una serie que podríamos bien llamar Los Modernos de la España del Cambio, donde se entrecruzan las miradas de los dos maestros citados, pero, añadiendo a la suya propia el concepto central de atmósfera en la imagen, tomado este de su admirado amigo Bernard Plossu. al que, en otro lado, define: ''Amigo de la vida, transparente, exacto y romántico, fanático de lo simple, compañero, hermano y gran viajero, pero no de fronteras sino de olores''.[2] En mi poder obra una carta que me remite con instrucciones detalladas a la hora de publicar una serie de fotos de Santiago Auserón, como parte de una entrevista que le habíamos realizado. En ella, P.P.M. muestra su desvelo como editor, que lo había sido, como decimos de Nueva Lente, y ello es algo que lo distinguía de otros fotógrafos que no ponían tanto interés en la manera de ver publicadas sus fotografías.

Divina May ca. 1981. (c) 

En esa carta, Pablo, junto a las cinco imágenes que nos remite, se preocupa para que su concepto de "atmósfera" se traslade, junto con la imagen, a las páginas de la revista. Dice Pablo, describiendo su proceso, que, por otra parte, es trasladable a otros retratados presentes en esta exposición:

 "A cada personaje invitado saco CINCO FOTOS, siempre con el mismo formato blanco/blanquísimo e iluminación uniforme: ¡SIEMPRE EN EL MISMO ORDEN DE MOTIVACIÓN!  (las fotos van numeradas por detrás):

1- LA INEXPRESIÓN DEL ROBOT. (INEXPRESIÓN).

2- EL DESPRECIO A LO MÁS DESPRECIABLE. (DESPRECIO).

3- GUSTANDO CON SIMPATÍA. (SIMPATÍA).

4- MALESTAR INTENSO/INTERNO (DOLOR).

5- CLARIDAD FRENTE AL MILAGRO (ÉXTASIS)...

Este cuidado en retratar y reflejar la psicología y la "atmósfera” del retratado y la secuencia temporal y emocional en la que debe ser mostrada su obra, que siempre es más importante que el espacio, nos habla de la delicadeza de su trabajo de estudio, y, hoy, de la dificultad para mostrarlo, pues no siempre tenemos a mano instrucciones tan precisas como las que yo entonces, hace 35 años, tenía.

Respecto de su papel intelectual, estudioso, y promotor de la fotografía, al que antes hice referencia, no hay nada mejor que recordar sus propias palabras. Así, en otra entrevista de época, en esta ocasión en el número 31 de septiembre de 1986 dedicada a Nueva Lente, y realizada por Juan Ramón Yuste y Javier Olivares, P.P.M., hace un repaso de las generaciones anteriores a la Quinta, y dice:

 

Eduardo Momeñe ca. 1980. (c) P.P.M.

''En la Primera Generación estarían los primitivos hasta Ortiz de Echagüe, Joaquim Pla Janini, Montserrat... La Segunda (en los 20) sería la de los primeros artistas, los herederos de Echagüe, que era un genio total: Catalá- Roca, Centelles, los Cantero, las grandes sociedades fotográficas, Barceló. La Tercera sería la de los desgraciados, la generación perdida, los agonistas. Los que rondan la cincuentena. Los que llenaban las páginas de ''Imagen y Sonido'' y ''Arte Fotográfico'' en los 60: Schommer, Miserachs, Maspons, Massats... Papel duro, grano y salonistas. La Cuarta seríamos nosotros, los fundadores de NL y los Socias, Molina... Los más ''yuppies'', los que ahora rondamos los cuarenta. Somos más surrealistas, teníamos otro techo que no eran los salones. La Quinta da entrada al color, a la fotografía como concepto y expresión (la que cobijaba NL), a la autocrítica, al diseño... Aquí estarían Fontcuberta, Villasante, Guardans, Vallhonrat, Gorka Dúo, tú (Yuste) y, en definitiva, los que salieron en aquel NL del 74. Y algunos más. Eran los modernos. Luego vinieron los posmodernos: Alix, Ouka Leele, Paco Navarro... Estos ya serían la Sexta Generación. Y la Séptima sería la que hay que buscar ahora: la de los nacidos en el 63 para adelante. La de Alcalá de Henares, el hijo de Canogar... De todas formas, ahora no haría tanta falta estas cosas, ni NL ni movidas. Está todo más normalizado''.

Torero Cordero, (Ignacio Gómez de Liaño) 1972, Nueva Lente, (c) P.P.M.

Aquella entrevista se titulaba, como he comentado arriba, ''Hay que vivir la fotografía'' porque para Pablo, que tenía la fotografía en la cabeza: “LA FOTOGRAFÍA siempre fue para mí mucho más que un arte: es fiesta, es participación, es contagio, es entusiasmo, es alegría de VIVIR, es comunicación, es recuerdo, es Tiempo... ¡es CULTURA!

Finalmente, debo decir que si para P.P.M. la fotografía era un arte de colaboración, no menos lo puede ser el de mostrarla y exhibirla. Así, esta muestra está en deuda con muchas personas e instituciones.  En primer lugar, esta exposición, que trata de reflejar el trabajo de P.P.M. como retratista conceptual, pop, kitsch, posmoderno y místico a través de todas sus etapas, se completa con una muestra inédita de sus diarios, reflexiones y aforismos de P.P.M., un biopic personal que nos muestra por primera vez imágenes inéditas de su periplo vital, en una cronología preparada por su sobrina Rocío Pérez-Minguez. Sin el esfuerzo de Rocío, esto no hubiera sido posible.[3]

En segundo lugar, debo mencionar al Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, a su directora, Mª Nieves Sobrino García, que custodian una gran parte del legado P.P.M. de manera ejemplar; a los coleccionistas privados que tan amablemente han apoyado y aconsejado en el proceso de selección. En tercer lugar, al Centro de Arte de Alcobendas, y su directora Mª Paz Guadalix y su equipo de montaje, un centro que atesora una colección de fotografía nacional de primer orden; en cuarto lugar, a Eva Vizcarra, realizadora del documental producido por Endora Producciones, "P.P.M. Divertirse es un arte", premiado por la Comunidad de Madrid y que amablemente nos han cedido, y, al fin, a todas las personas que han colaborado en la formalización y materialización de esta exposición, y muy en especial al equipo de diseño que me ha acompañado en este proceso, encabezado  Pablo Gonzalez de PeipeSL.

"Pedro Almodóvar y Fabio McNamara" (1981) © P.P.M.

Qué pena que no tengamos museos nacionales que cataloguen, conserven, coleccionen y muestren la obra de los grandes artistas españoles. 

“LA FOTOGRAFÍA siempre fue para mí mucho más que un arte: es fiesta, es participación, es contagio, es entusiasmo, es alegría de VIVIR, es comunicación, es recuerdo, es Tiempo... ¡es CULTURA!" P.P.M. 


[1] P.P.M. colaboró con La Luna de Madrid, desde el nº O, y desde el 1, con su primer autorretrato en 1983, en el agua del mar, tras su visita al Balneario de Carratraca, hasta el final de la revista en 1988. P.P.M, junto con Bárbara Allende-Ouka Leele, Juan Ramón Yuste, Alberto García Alix, Antonio Bueno, Jaime Gorospe, Gonzalo de la Serna, Ana Torralva, Eduardo Momeñe, Javier Campano, Juan Manuel Castro Prieto, Domingo. J Casas, Miguel Oriola, Humberto Rivas, Miguel Trillo, fueron, entre otros muchos, algunos de los fotógrafos que hicieron que la Luna de Madrid fuera posible, y la revista está marcada por todos ellos. De hecho, hicimos un número especial con la colaboración de Carlos Serrano GAD y Keko Yuste, dedicado a Nueva Lente, donde Pablo explicó su visión de la fotografía.

[2] B. Plossu, La Luna de Madrid, nº 37, 1987.

[3] Esta cronología pertenece a la biografía inédita de P.P.M. que Rocío P.M. acaba de finalizar y que deseo que pronto halle casa editorial, porque, al tiempo que sigue la peripecia de Pablo, resume todo un periodo crítico de la cultura moderna reciente en España, explicando muchas de las conexiones y relaciones entre artistas y movimientos creativos.

sábado, 24 de abril de 2021

El Anillo de Giges. Las peregrinaciones heterodoxas por Santiago

Confieso abiertamente que uno de los propósitos de este nuevo libro es el de remitificar y fortalecer el mito del Camino de Santiago, y los mitos circulantes y concomitantes que rondan los senderos y las trochas del Camino, devolviendo algo de “chispa” a la exégesis un tanto triste o casposa que se nos ofrece a diario sobre este conjunto de mitos que forma lo que he llamado en otra parte el árbol mitológico de Santiago. Y chispa es algo que bien casa con quien fue apodado Hijo del Trueno. En este libro, y a diferencia de anteriores incursiones en esta materia fundamental y que tanto me toca de cerca, el eje de mi pesquisa gira en torno a cierta clase de peregrinos, protagonistas concretos de este largo viaje, como diría Jorge Semprún, que no sabemos dónde comienza. Es cierto que no desdeño otras conexiones, pues el Árbol de Santiago es frondoso y conserva también muchas y profundas raíces, y se hace tarea complicada enderezar una rama sin remover el muérdago que la cubre y que la liga a otra vecina

Quiero preguntarme un poco por sus vicisitudes, imaginar el sentido vital que les trajo hasta estas extremas tierras y, por analogía y como coda final, puesto que este libro es necesariamente de nuestro tiempo, también hablo o extraigo alguna conclusión acerca de los peregrinos de hoy, y de sus distintas sensibilidades. En todo caso, no hace falta tal vez insistir en ello, todo libro es del tiempo de uno mismo, incluso cuando se habla del pasado, incluso cuando se escribe novela histórica. Igualmente, y aun siendo tarea complicada, he querido presentar o sugerir el peregrinaje de los otros peregrinos, que también los había, y a los que me resisto a llamar heterodoxos o apocalípticos, pero sirva esta ligera distorsión de la metáfora del maestro Umberto Eco para entendernos, y para destacar a aquellos respecto del caudal referencial de los integrados. Pues Eco, en su El Nombre de la Rosa, está muy cerca de nosotros en algunas de las cosas que se dicen aquí. Ahí está sin ir muy lejos su Alcuino de York, el joven que vendría a fundar la Escuela Palatina de Carlomagno, en Aquisgrán, y sobre cuyas encendidas cartas de heterodoxo amor algo diremos, siendo como es Alcuino parte de esta historia, merced a sus polémicas con los adopcionistas españoles, y a su decidido apoyo a Beato de Liébana.

Al centrarme o mirar hacia otros peregrinos ya declaro el segundo propósito de este libro, junto con el de la remitificación aludida. Y es que, de este modo, o con este remirar, he querido alejarme de la imagen un tanto edulcorada o blanda que afectan las descripciones corrientes del peregrino antiguo (y a veces del moderno) en cuanto ser piadoso, y figura fervorosa por el solo y mismo hecho de peregrinar. Tras Hijos delTrueno, Mitos y símbolos en el Caminos de Santiago, que me fue generosamente prologado por Carlos García Gual, con dos ediciones en Evohé, culmino aquí cuatro años de investigación en un ensayo que rechaza la imagen edulcorada del peregrino antiguo en cuanto ser piadoso y santo.

En el Anillo comparecen los peregrinos olvidados: las peregrinas, pues «toda mujer que peregrina es una rebelde», las beguinas de Hildegarda de Bingen, las brujas y las hechiceras, depositarias del saber antiguo. Y otros grupos invisibilizados por la historia ejemplarizante del peregrino medieval: los chicos y jóvenes, los mendigos y los peregrinos del precariado, y los peregrinos gays.

El Anillo de Giges dedica una importante sección a los heterodoxos y los alquimistas, centrándose, entre otros, en Arnau de Vilanova, Raymundo Lulio y Nicolás Flamel, intérpretes del Cuerpo Hermético y buscadores de la Quintaesencia.

El anillo de Giges, homenaje a Valle-Inclán y a J. R. R. Tolkien y a la tradición del anillo, tiene la suerte de aparecer en el marco del Año Jacobeo 2021. Ojalá esta obra devuelva algo de chispa a la exégesis un tanto triste que se nos suele proponer, reconectando el Camino con las primitivas tradiciones paganas, celta y cristianas. 

lunes, 1 de febrero de 2021

Hassan Fathy: a contracorriente colaboración especial de Hannah Collins

 «En otro tiempo, había una belleza innata en todo lo que nos rodeaba: éramos nosotros mismos». Hassan Fathy, 1981

Hassan Fathy (Alejandría, 1900- El Cairo, 1989) es el padre de la arquitectura sostenible y vernácula. Antes de que existieran las cátedras de materiales de nuestro tiempo, Fathy se fijó en las propiedades milenarias del adobe, arcillas y arenas secadas al sol y mezcladas con paja, en cuanto material constructivo disponible y barato, y con altas capacidades de aislamiento térmico. Esta tradición milenaria ha sido fundamental en el desierto, donde se producen fuertes contrastes de temperatura entre el día y la noche, y donde la abundancia de arena implica accesibilidad de materiales y economía de recursos.
Cása Árabe

Fathy fue un romántico, un ilustrado, un místico, y como tal se opuso a la idea neocolonialista que pretendía homogeneizar la cultura egipcia según un esquema internacionalista. Fathy volvió a las raíces, a mirar las enseñanzas del campesino tradicional, del «fellah», o las tradiciones nubias del sur, que seguían construyendo cúpulas, arcos y bóvedas inclinadas, sin armazón, como se hacía desde tiempo inmemorial. Durante la II Guerra Mundial, y más tarde, trató a intelectuales como Naghib Mahfuz, el premio nobel egipcio, o el artista Hamed Said, para quien construyó su estudio en ladrillos de adobe, la casa Toub Al Akhdar, en Marg. Ambos pertenecieron al grupo de artistas y pintores del llamado grupo de los Friends of Art and Life. Todos fueron pioneros de la educación social y del contexto, y hacían prácticas de sus enseñanzas con sus estudiantes, animando a estos a trabajar y convivir con los campesinos o con los artistas locales.
Hassan Fathy en su estudio del Palacio Ali Effendi, distrito de Dar el-Labbana, El Cairo, 1980 © Aga Khan Trust for Culture. Foto Christopher Little.

La defensa de la artesanía y de los viejos oficios halla lugar de excepción en su obra teatral en cuatro actos El Cuento de la Celosía, de 1942. Diseñó la villa de Nuevo Gourna, entre 1945 y 1949, haciendo antropología, incorporando a su diseño un tratado de usos y costumbres de los habitantes de aquel pueblo que había vivido del expolio de las tumbas del Valle de los Reyes. Con ello, se adelantaba dos generaciones a inquietudes de arquitectos contemporáneos como el chileno Alejandro Aravena, el burkinés Francis Kéré o la francesa Anne Lacaton, incorporando la visión del destinatario en los diseños.
Casa Fathy en Northern Shore Sidi Krier, 1971© Aga Khan Trust for Culture. Foto Matjaz Kacicnik

Fathy lo explicó en su libro Gourna, a tale of two villages (1969), título original del archifamoso Architecture for the Poor: An Experiment in Rural Egypt, publicado en la University of Chicago
Press, en 1973. La presente exposición -dedicada in memoriam al arquitecto Luis Maldonado Ramos (1957- 2017), y que reconoce la inmensa labor investigadora de James Steele-, recoge planos, maquetas y fotografías de varias obras emblemáticas de Hassan Fathy, así como de su vocabulario arquitectónico. Se remata con una selección de la obra pictórica de Hassan Fathy, gouaches e imágenes de su apartamento en la Mansión Ali Effendi Labib, del viejo Cairo.
Tres aportaciones complementan la exposición. Un panel centrado en la arquitectura de tierra en la Península Ibérica, con tipologías de técnicas, y obras de estudios contemporáneos, coordinado por Fernando Vegas, Camilla Mileto y Valentina Cristini; la instalación dedicada a Fathy por la artista inglesa Hannah Collins, Haré una canción y la cantaré en un teatro con el aire de la noche sobre mi cabeza, presentada en la sede del SF MoMA San Francisco, EE.UU. (2019-2020) y en la Galería Joan Prats de Barcelona; y una obra del artista Chant Avedissian, discípulo de Hassan Fathy, cortesía de la Galería Sabrina Amrani de Madrid.
Fundación Dar al-Islam, Albiquiu, Nuevo México, 1980 © Aga Khan Trust for Culture. Foto Said Zulficar

En 2021, Casa Árabe y Ediciones Asimétricas, con el apoyo del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos de Madrid, publicarán un catálogo libro con aportaciones de quien suscribe y de María Pura Moreno, Leïla el-Wakil, Serge Santelli, Nadia Radwan, Fernando Vegas, Camilla Mileto, Valentina Cristini, Zolt Vasáros, y Hannah Collins.
Dessert Entrance 2, (c) Hannah Collins, Galería Joan Prats

CRÉDITOS
Comisario: José Tono Martínez
Coordinación: Nuria Medina
Diseño de sala: María Fernández Hernández y Juan García Millán
Diseño de gráfica de exposición: Lorena López de Benito
Traducción al árabe y revisión: Rasha Ismail, Consejera Cultural de Egipto en Madrid
Revisión términos de arquitectura en árabe: Jose Miguel Puerta Vílchez
Modelización 3D de maquetas: Fabricio Santos, Fab de Fab
Fotografía e impresión: Taller Quintanilla y Movolcolor
Montaje: José Luis Tovar y Lorena López de Benito
Transporte: Crisóstomo
Audiovisuales: Creamos Technology
© de los textos y de las imágenes, sus autores
Esta exposición ha sido posible gracias al apoyo de las siguientes instituciones:
Aga Khan Trust for Culture Library (Ginebra, Suiza), Regional Architecture Collections, Rare
Books and Special Collections Library of American University (El Cairo, Egipto), Instituto Egipcio
de Estudios Islámicos (Madrid), Embajada de la República de Egipto en España, Galeria Joan
Prats (Barcelona), Galería Sabrina Amrani (Madrid), Faculty of Architecture of Budapest
University of Technology and Economics (Hungría), Biblioteca Islámica de la AECID (Madrid),
Embajada de Suiza para España y Andorra, Al Jazeera Media Network Documentary Channel
(Doha, Qatar), Fábrica de Fabricantes (Madrid), Constantinos A. & Emma Doxiadis Foundation

lunes, 14 de diciembre de 2020

DEBATE: "De los dioses y del mundo, seguido de La piedad apasionada", de Fernando Savater

 PRESENTACIÓN POR ZOOM  Martes 15 de diciembre de 2020, 19h

Conversación con Fernando Savater a propósito de la presentación de la colección Fuera de lugar y del ensayo doble De los dioses y del mundo, seguido de La piedad apasionada, de Fernando Savater.

Junto a Fernando Savater, participan Carlos García Gual,el director de la colección José Tono Martínez, y Juanjo Martín Ramos, editor de Eds. Polibea.
 
ID de reunión: 819 0052 9545 - Código de acceso: 957143
  
NOTA IMPORTANTE: Los primeros 30 compradores del libro recibirán el libro dedicado por el autor. Para ello, deberán adquirir el libro y dejar indicado el nombre con el que desean que Fernando Savater lo dedique.


Se inaugura la Colección Fuera de Lugar con 
De los dioses y del mundo, 1975, seguido de La Piedad Apasionada, 1975/1977, que lleva una fotografía interior del autor realizada por Ouka Leele en 1984.  Ambos libros proponen una quest de lo «sagrado politeísta en cuanto mayor proyecto político de los hombres», un alegato contra la Muerte y contra la creciente abstracción suprema, que es el hilo que conduce al monoteísmo de la Verdad, ya sea la de la Ciencia, ya sea la de Dios. Frente a ese monopolio del Gran Hermano divino, Savater vindica aquel paganismo en el que «todo estaba lleno de dioses, pero ningún Dios estaba en todas partes».
Los ensayos recuperados en este volumen religioso a la antigua configuran una suerte de «panfleto vacilante» pensado desde una incredulidad radical contra todos los lugares comunes del pensamiento contemporáneo. Tanto La Piedad, como De los dioses, incluyen revisiones dedicadas a autores nodales en la obra de Savater: Spinoza, Hölderlin, Cioran, Heidegger, Nietzsche, Swift, así como premonitorios ensayos acerca de la cultura, el gozo, o la filosofía española.

lunes, 9 de noviembre de 2020

EL CUARTO SELLO. DIARIO DE LA PESTE [Covid-19, Madrid, 2020]

 

Madrid, 9 de octubre de 2020-. Editorial Polibea publica El cuarto sello. Diario de la Peste [Covid-19], de José Tono Martínez

Quien habla con su perro espera hablar a Dios un día, dice el autor parafraseando a Antonio Machado, pues ¿no es acaso Dios la naturaleza en su conjunto y los perros Sus ángeles entre nosotros?, se pregunta el autor de este libro, escrito entre los meses de marzo y junio de 2020.

El Cuarto Sello recoge las meditaciones del autor vagando con su perra Lissie, en la ciudad desierta. Se inicia con una larga carta dirigida a sus amigos argentinos, y donde explica la situación que se vivía en Madrid, durante el confinamiento la peste del Covid-19, que, poco a poco, fue cubriendo la faz de la tierra, hasta hacerse plaga universal, como si uno de los sellos del Apocalipsis juanista se hubiera quebrado en alguna remota comarca.

 El Cuarto Sello, crónica y ensayo de un memento mori, es una cavilación marcoaureliana sobre la finitud de la vida, y sobre la idea de la muerte, que ha vuelto, pese a que habíamos hecho todo lo posible para expulsarla del reino de la propia vida y del reino de lo cotidiano, despojándola de un lugar en el mundo.

El Cuarto Sello es un libro que contiene esperanza, la idea de que los vienen, y a quienes pasamos el testigo, tal vez sabrán hacer las cosas mejor que nosotros.

 Colaboración de artistas-.

El Cuarto Sello, Diario de la Peste, viene generosamente ilustrado por los artistas Julián Alonso, Eugenio Ampudia, Salvador Bacon, Darío Basso, Darya von Berner, Antonio Bueno, Calpurnio, Nieves Correa, Delius, Pere Joan, Martín Kovensky, Nicki Wambolt, REP, Ricardo Iriarte, Clara Lagos, y Daniela Kantor


Contacto editorial  Editor Juanjo Martín Ramos Polibea:

 +34 639111809 maqueta@polibea.com

Distribución para librerías en España: La Sombra de Caín 983658956/ 680382550/ 646346731 comercial.lasombra@gmail.com    distri.lasombra@gmail.com







jueves, 22 de octubre de 2020

Carteles para un Camino. 100 años de ilustración jacobea

Os invito a explorar esta exposición organizada por el Ministerio de Cultura y Deporte, en colaboración con la Biblioteca Nacional de España, en el marco del Programa de Actividades del Consejo Jacobeo para el Xacobeo 2021, repasa, a través del dibujo y el cartel, la iconografía y la representación religiosa, artística, literaria e ideológica del Camino de Santiago, como protagonista de la historia de España y de Europa.

Cada época ha subrayado una peculiar representación ideológica, reflejo de cada momento histórico y del estilo artístico acorde con dicho momento. Así, el Camino es testimonio de un archivo vivo, preservador de mitos y símbolos que han acompañado a miles de peregrinos y caminantes a lo largo de los tiempos. Pero también ha sido y es una experiencia de corte espiritual, cultural, turística, o deportiva, sin perder nunca un sentido de nexo con el patrimonio cultural tangible e intangible que representa la tradición jacobea.

Comisariada por quien esto escribe, la expo presenta el dibujo o el diseño sobre el soporte cartel, o sobre algunos soportes menores, como folletos, programas de fiestas, credenciales y otros recuerdos. Pero también hay fotografía y tipografía. Con fondos y reproducciones de la propia Biblioteca Nacional, el Centro de Documentación Turística de España (Turespaña-Ministerio de Industria, Comercio y Turismo), del Museo do Pobo Galego, del Museo do Pontevedra y de colecciones particulares como la Colección Fernando Lalanda, la selección muestra trabajos, entre otros, de Castelao, Carlos Maside, Carlos Sobrino, Eduardo Santoja, Juan Luis, Hidalgo de Caviedes, José Morell, José Caballero, José García-Ochoa, Francesc Catalá-Roca, Ángel y Álvaro Bellido, Luis Carballo, hasta llegar a Ana Juan, Javier Mariscal y Ouka Leele.

Culmina con Historietas Jacobeas, 7 historias y 8 carteles realizados por 15 ilustradores que representan la vanguardia de la ilustración, habiendo, muchos de ellos, recibido los más importantes premios y reconocimientos del mundo de la historieta. Ellos son Juan Berrio (Valladolid, 1964), Calpurnio (Zaragoza, 1959), José Domingo (Zaragoza, 1982), Ana Galvañ (Murcia, 1980), Miguel Gallardo (Lleida, 1955), Elena Ibáñez (Cantabria, 1996), iRati F.G (Navarra, 1983), Pere Joan, comisario adjunto del proyecto, (Palma de Mallorca, 1956), Raquel Lagartos/Julio César Iglesias (Oviedo, 1982, ambos dos), Miguelanxo Pardo (A Coruña, 1958), Antonia Santolaya (La Rioja, 1966), Pepa Pietro Puy (Santiago de Compostela, 1989), Sonia Pulido (Barcelona, 1973) y Mikel Valverde (Álava, 1966), todos comprometidos con la idea de avivar esta ruta de encuentros que es el Camino de Santiago.

Información práctica

  • Del 27 de noviembre de 2020 al 14 de marzo de 2021

    De lunes a sábado de 10 a 20 h.
    Domingos y festivos de 10 a 14 h.



martes, 1 de septiembre de 2020

La capilla de Nuestra Sra. del Silencio

Es la segunda vez que la visito, en mi vida. Pues no es posible acceder a ella, aunque uno lo desee. Te llevan, te invitan, te dejas llevar, con condiciones impuestas. Me había sucedido antes, en 1984 o 1985 y me ha vuelto a suceder ahora, en los últimos días de agosto del 2020. Es difícil de explicar. Y aún más para quien tiene una formación como la mía. Sólo sé que se encuentra en una de las callejuelas del Madrid antiguo, pero no en la zona del Barrio de los Austrias. Yo diría que se encuentra situada entre las verticales trazadas por la Puerta del Sol y la Plaza de Ópera y la paralela un poco más al sur que delimitan las Plazas de Tirso de Molina y la de la Paja. Es incluso posible que se hallase un poco más allá de Tirso de Molina, entre las primeras calles que bajan hacia La Latina.

No sé mucho más. No puedo ser más específico. Esta capilla está situada en altura, en el piso superior de un inmueble, junto a un altillo o azotea; yo diría que en un cuarto o sexto piso, pero no es fácil decir porque el edificio tiene pisos de techos altos, y eso se comprueba cuando uno sube por las escaleras, pues entre descansillo y descansillo de cada piso hay un buen número de escalones. Desde cada rellano, no se distinguen puertas que conduzcan a otras casas o, al menos, yo no puedo asegurar que existan. A esta escalera se accede desde un portal que da a la calle, pero apenas está señalizado por una placa. Uno va caminando por la calle y repente te das de bruces con el portal que conduce a la capilla. Y ya está. Pero si otro día quieres ir por tu cuenta y lo buscas a propósito, entonces, con toda seguridad, no darás con él.

Una vez que ingresas al portal debes decidir por tu cuenta si deseas subir, o si prefieres volver a la calle. Es cosa tuya. Al subir por la escalera, sobre las paredes desnudas, se descubren algunos símbolos religiosos, no muy evidentes. Algunos recuerdan anagramas cristianos, otros parecen hindúes o quizá orientales, geometrías y signos que también podrían asemejarse con esas marcas y signos que empleaban sobre la piedra los canteros y constructores de los templos antiguos. En algún momento, subir alguno de estos largos tramos se hace pesado, como si en efecto portáramos un gran peso a cuestas, una cruz, una mochila, como si la intensidad del campo gravitatorio se alterase y nos aplastase ligeramente, cuando debería ser lo contrario, puesto que ascendemos. Es una sensación que desaparece cuando ya estamos arriba, e ingresamos en la capilla.

Como he indicado, mi primera visita a la capilla de Nuestra Sra. del Silencio se produjo hace muchos años, y muchos de los detalles de esta se me habían olvidado, diluidos en el tiempo. La capilla, una vez que accedemos a ella a través de una puerta de madera, bastante convencional, tiene forma octogonal o quizá ovalada;  desconozco la estructura exterior del edificio. Es como una gran salón, pero no creo que exceda de los 10 metros de largo por unos siete u ocho de ancho. Tal vez exagero. Lo preside, si así se puede decir, una chimenea de piedra y ladrillo con un hogar de regulares dimensiones. Sí recuerdo que me llamó la atención que el leñero estaba construido de obra sobre la base del propio fuego.

Sobre la repisa en voladizo había una serie de cuadros y retratos enmarcados, en general de paisajes y de montañas, o ríos. No soy un experto en iconografía oriental pero es evidente que la mano de esos artistas y la técnica, el uso del carboncillo, el pincel y el trazo escaso del lápiz y del color, delataba una impronta china, japonesa o tal vez coreana. Otros pequeños cuadros parecían de artistas europeos, con una factura que me recordaba a los lakistas ingleses, y a otros románticos europeos. Eran todas piezas de pequeño formato. La estancia cuenta con cuatro o cinco altos ventanales cuyas puertas batientes llegan hasta el suelo de madera. La luz del cielo y las nubes que se dibujan en él entran francas pero no se observan otros edificios reconocibles, como si la capilla estuviera sobre una terraza o coronase un mirador.

Delante de la chimenea hay situadas unas sillas de madera, dispuestas de forma cuasi circular. Y todo indica que están ahí para que los ocasionales visitantes puedan sentarse un rato a meditar o a descansar. Las sillas son de respaldo recto, lucen un asiento rojizo y tienen reposabrazos de madera, pero no se puede decir que sean muy cómodas. La estancia está parcialmente alfombrada y nada impide que uno se pueda recostar sobre el suelo, si es que no se desea permanecer sentado. Eso es lo que yo hice durante mis dos visitas.

En uno de los esquinazos de la sala resplandece, sobre el mismo suelo, una colección de figuras de elefantes en diferentes posturas. Algunas recuerdan al dios Ganesha. Si uno se reclina sobre el parqué y pone la cara sobre la madera, como yo hice, mirando fijamente las pequeñas estatuas, se tiene la impresión de que estas se mueven. Pero es posible que se trate sólo de una impresión provocada por la propia postura descrita. Debe haber más de cincuenta pequeños elefantes, algunos de cinco centímetros de alto, otros de veinte o treinta. Los hay de madera negra, roja, de piedra y de color hueso.

En otro rincón aparece trazado un rectángulo delimitado por una valla de unos cuatro o cinco centímetros, a modo de campo de juegos. En ambos extremos del cercado, que mide unos tres metros de largo por unos dos de ancho, hay dos pequeños postes que simulan ser porterías. El campo de juego se halla poblado por un conjunto de figuras humanas de barro cocido, en diferentes posiciones atléticas. Simulan jugar a un deporte que nos es del todo desconocido. Pero podría tratarse de alguna danza competitiva. Estas estatuillas no superan los treinta o cuarenta centímetros. Todas la figuras aparecen en movimiento y el conjunto ofrece la impresión de situarnos ante dos equipos. Pero, como he indicado, nos es imposible averiguar la naturaleza del juego, si es que es un juego. Tal y como sucede con los elefantes, si uno se sitúa sobre el suelo, se tiene la impresión de que las figuras se desplazan ligeramente. Pero no se trata de autómatas. De eso estoy seguro. Es posible que se trate de un efecto óptico. No es fácil decirlo.

Esto es todo lo que conozco y recuerdo de mi segunda visita a la capilla de Nuestra Sra. del Silencio. Ignoro quien la diseñó y con qué objeto. En ella también hay una pequeña mesa auxiliar, con una jarra de agua y unos vasos de cristal. Sé que uno no puede permanecer en la capilla mucho tiempo. Esto es todo lo que sé.


viernes, 10 de abril de 2020

(Diario de la peste (11, 10 de abril, El género del Covid-19)

El género del Covid-19
Son tiempos borrascosos, las Cumbres de Emily Brontë, pero en el llano, en el campo de batalla y eso nos iguala a todos. “Los días se nos pasan como en un suspiro”, me dice el editor Juan González, que metido a fondo con los Episodios Nacionales, de don Benito Pérez Galdós, denostado por los cursis. Así es la guerra, que se vive con un sentido de urgencia, todos movilizados; ya veremos cómo termina. El final no está escrito. Y espero que no nos dé para otros Episodios Nacionales. Desde Banyalbufar, idílico confinamiento con vistas al mar, en Mallorca, me escribe el dibujante Pere Joan. Me dice algo que todos vamos percibiendo, que este es el auténtico comienzo del siglo XXI, sí, el XXI. Un siglo que desde luego no nos llega con el escenario apocalíptico de los señores de la guerra que se gasta la brutal ciencia ficción de Mel Gibson en Mad Max sino que, dice Pere, “el cambio de guión de nuestras vidas nos llega de manera silenciosa”, tal y como irrumpe en la serie danesa The Rain, de 2018, crónica clarividente de un virus que llega con la lluvia, como la que hoy cae en Madrid y que ha metido a Lissie en casa; una lluvia que mata al que moja y no se confina, tal y como sucede ahora. Otra película estupenda es Contagio, de Steven Soderbergh, y que novela las andanzas del virus Nipah, aparecido hace 20 años en Asia y África, y que se hospeda también en murciélagos, de donde pasa a las granjas de cerdos y a los humanos. 
Nos vamos “comiendo” los siglos a pasos agigantados. Está admitido por los hechos que hacen descender las ideas a tierra que el siglo XIX, nacido en 1803 con el comienzo de las guerras napoleónicas, habría terminado en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, y el fin de la vieja Europa, premonitoriamente hundida con el Titanic, dos años antes. El siglo XX, en cambio, sería un siglo corto, supuestamente acabado en 1989, con la Caída del Muro de Berlín y el comienzo de la Galaxia Rural que todo lo ha globalizado, incluyendo la enfermedad. Ahí, en ese 89 habría comenzado este siglo XXI que ahora termina. Se trata de siglo aún más corto, pues este sólo habría tenido 31 años. Así que lo que tenemos ya encima, como la lluvia vírica, ¡es el siglo XXII!, como lo oyen.
Pero cuanto más corto es el siglo más violento y tumultuoso se vuelve. Es cierto que el conteo del tiempo es una convención. El 20 de diciembre de 2012 finalizó la Cuenta Larga del 13.º Baktún de acuerdo con el Calendario Maya. No parece que este nuevo ciclo de 5.200 años haya nacido bien. Algunos pronosticaron una hecatombe para la nueva era. ¿Recordamos la película 2012, de Roland Emmerich? La única ventaja de acortar los siglos es que vamos a llegar al Futuro antes de lo esperado. En nuestra propia generación. Pero la prisa nunca ha sido buena consejera. Se está viendo.
Volvamos al confinamiento en Mallorca. Allí estuvo cautivo el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos, siete años, primero en la Cartoixa de Valldemossa, y luego en el Castillo de Bellver, condenado por otra corona, la de Carlos IV. En el Monasterio de la Cartuja, que visité durante mi periodo isleño, también estuvieron, voluntariamente confinados, que no es lo mismo, George Sand, Chopin, Rubén Darío, Santiago Rusiñol, Eugeni d’Ors y Azorín, entre otros artistas que, por lo que se ve, pertenecen a un sector que no es muy prioritario en España. Primero curémonos, luego ya vendrán las artes y las letras a sanar las heridas del alma. 
¿Malentendido, despiste? Confiemos en una inmediata y enérgica rectificación por parte del Ministerio de Cultura. Para defender esto que apunto, no me gusta hablar del Reino de la Cifra, que si la cultura es la 4º industria, que si mueve el 3,2% PIB, que si trabajan 701.000 de esos cuerpos que hay que curar antes que ilustrar. No, Somos Nuestra Cultura. Es lo que queda. Lo intangible. Lo demás son los millones que nadie se puede llevar a la tumba, como se está viendo. A pesar de que mueren más pobres que ricos. Y en Nueva York más negros, hispanos y nativos americanos que blancos, porque los pobres siempre están peor, y son más vulnerables y sus casas son más pequeñas y no pueden practicar nunca el distanciamiento social, a no ser que se caigan por el balcón encima de un balconazi, como llaman ahora a los delatores.
No sucede así en Francia, donde el virus se expande por igual gracias a la costumbre de los tres besos reglamentarios de saludo, a diferencia de los nipones, que se hacen una reverencia, y así se contagian menos. Así que ya sabemos lo que tenemos que hacer de ahora en adelante, inclinar la cerviz como si tuviéramos delante al mismísimo rey emérito, a ver si con la reverencia se apiada y nos da argo (sic) de lo que se llevó.
Vuelvo a mi querida Mallorca, donde desde luego se lleva mejor un confinamiento. En una isla, mirando el mar tienes la sensación de que te puedes embarcar, y partir hacia otra isla, y así, de isla en isla, como buen isleño, puedes seguir recorriendo mundo, como los griegos, como todos los mediterráneos. Los de tierra adentro sólo podemos soñar con que alguien venga hasta Cuelgamuros -ya sin la momia de Franco- para rescatarnos de esta pesadilla, como le sucedió al historiador Nicolás Sánchez-Albornoz, cuando le ayudaron a fugarse del Valle de los Caídos, en construcción, en 1948.
De una isla también te puedes ir incluso a las bravas, nadando, como Edmond Dantès, futuro Conde de Montecristo, cuando se escapó de la isla penal de If, según nos cuenta Alejandro Dumas. Pero en la gran ciudad, ¿quién nos libra del alienígena Covid-19, que lleva nombre de robot de la Guerra de las Galaxias, y parece que para algunos tiene género femenino? Esto último no se entiende, como tantas cosas, salvo que sea un “acto fallido” vinculado a la China patriarcal donde nació. ¿No decía la RAE que el masculino es neutro, y que no está marcado por el género? Pues entonces, digamos el Covid-19, nunca la Covid-19.
España es un país invertebrado, la vieja tesis de Ortega, con escasos símbolos y mitos compartidos por todos. Antes, durante siglos, Hacer las Américas. Hoy, la Liga de Fútbol. Y poco más que no sea el negocio. Cada uno tira para su lado. Así leemos en la prensa que algunos pueblos ponen barreras de hormigón para que no entren los de fuera, los otros. ¿Qué hace el Delegado del Gobierno Civil para no ordenar de inmediato que retiren esas nuevas fronteras? Tómenos nota para no visitar nunca más esos lugares. Algunos alcaldes incitan a la delación del foráneo, o de aquel que se salta la cuarentena, y sale a darse una vuelta clandestina. El nazismo, el fascismo, el estalinismo y el franquismo fueron posibles, entre otras cosas, gracias a celosos balconazis, colaboracionistas timoratos, esos mismos que cuando las manifestaciones de finales de los 70 nos miraban desde el mismo balcón donde hoy siguen apostados, mientras les gritábamos, "no nos mires, únete".
A Anna Frank la delató un vecino, no se olvide. Y lo hemos visto en tres películas recientes sobre la Guerra Civil,  “La Trinchera Infinita”, de Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga, “Intemperie” de Benito Zambrano, y “Mientras dure la guerra” de Alejandro Amenábar. Al margen del argumento, todas tienen en común el ambiente sórdido de la delación, del chivateo del vecino. Así que en este país dividido, ayer, en las Cortes, donde se aprobó la segunda prórroga del Estado de Alerta, la derecha ultramontana pedía ¡ya! la dimisión del gobierno. Igual lo que hay que pedir es la dimisión de esta oposición cainita y bulofáctica que tendría que mirar a Portugal, ejemplo de unidad contra la catástrofe. ¿Y Lissie? Traté de sacarla, hizo sus necesidades y se dio la vuelta. Odia la lluvia como si fuera un virus. Así que aquí está, a mi vera, roncando a pierna suelta. Como un alma bendita que no necesita ser curada por la cultura.