La Marcha Nº 1 de Edward Elgar: apuntes de la vida literaria, y de la muerte.
Entrar en la década personal de los cincuenta ha tenido unos efectos colaterales inesperados. Durante los últimos dos o tres años han muerto de repente varios de mis amigos de generación vital y artística, amigos con los que compartí aventuras de todo tipo, con los que me formé y con los que viví aquellos años ochenta de los que ya he escrito en otras ocasiones aunque no aquí. Para esto sigue siendo válido o útil el epígrafe que inventé para mi tesis doctoral, reutilizado más tarde para algunos ensayos que he ido publicando por aquí por o por allá, sobre todo en Claves de Razón Práctica o en Revista de Occidente : “Si viviste los ochenta y te acuerdas, es que no los viviste”. Es frase que hizo fortuna, y que ya tiene vida propia. Esta precariedad que se alcanza cuando se llega a los cincuenta me la había anticipado Eudald Carbonell, el paleontólogo de Atapuerca. Hace unos años, en el 2006, caímos por Atapuerca, Javier Conde y yo, con la idea de organizar una presentación ...