Las aguas leteas (II). Platón, Píndaro, Cernuda, Borges.
¿Escribimos porque pensamos que la literatura es un antídoto de eternidad contra el olvido? Es el sueño humano, demasiado humano de Nietzsche. Escribimos para conjurar esa maldición, para que esa piedra sepultada entre ortigas de la que nos habla Cernuda siga siendo memoria, para que el sueño de una sombra que evoca Píndaro dibuje su silueta sobre el lienzo de esa muralla larga que vamos recorriendo, que es la vida, sin cesar, hasta que un día nos quedamos sobre ella dibujados, convertidos en jeroglifo, ( hieros-glifos ) escritura sagrada o palabra divina hecha por nosotros para ver pasar a los demás. El olvido, o el infierno, sería así como un largo pasillo entre murallas pobladas de ojos petrificados, uno de esos laberintos amargos que construyó Bruce Nauman. El cielo, en cambio, sería ese mismo laberinto de pasillos, pero adentro de la muralla, allí donde nos espera la inmensa biblioteca imaginada por Jorge Luis Borges, allí donde los dioses están dibujados por nosotros ...