Mensaje e Instinto. Y Alberto Caeiro.
No sé si podemos acordar en que una gran parte de las obras literarias que nos conmueven tuvieron en el momento de su gestación, y desde luego en el de su recepción, una finalidad extraliteraria. Son inmortales y perduran, primero, por su calidad intrínseca, pero en segundo lugar porque esa calidad sólo reluce porque incorpora, en el entramado complejo de su mensaje, un sentido del compromiso de orden político, –en su vertiente religiosa o social– que, con claridad, percibimos de una forma intuitiva, directa, empática, al margen o por encima de dicha calidad. Entre forma y fondo advertimos un enlace que actúa sobre nuestra consciencia a modo de disparadero, actuando sobre esas capas profundas y primitivas de nuestro ser antiguo, más allá de la memoria, o tal vez sobrevolándola, hacia el origen. Esto que digo se hace evidente, o se torna como prueba, en el caso de las obras traducidas de lejanas lenguas, o que proceden de inextricables culturas, allí donde la forma se nos ha...