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Mostrando las entradas etiquetadas como poesía

La capilla de Nuestra Sra. del Silencio

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La Capilla de Nuestra Señora del Silencio Es la segunda vez que la visito en mi vida. Pues no es posible acceder a ella, aunque uno lo desee. Te llevan, te invitan, te dejas llevar, con condiciones impuestas. Me había sucedido primeramente en 1984 o 1985 y me sucedió de nuevo en los últimos días de agosto de 2020. Hace justo ahora seis años. Es difícil de explicar. Y aún más para quien tiene una formación como la mía. Sólo sé que se encuentra en una de las callejuelas del Madrid antiguo, pero no en la zona del Barrio de los Austrias. Yo diría que se encuentra situada entre las verticales trazadas por la Puerta del Sol y la Plaza de Ópera y la paralela un poco más al sur que delimitan las Plazas de Tirso de Molina y la de la Paja. Es incluso posible que se hallase un poco más allá de Tirso de Molina, entre las primeras calles que bajan hacia el Barrio de La Latina, dedicado a la latinista del Renacimiento Beatriz Galindo. (c) JTM Gemini AI No sé mucho más. No puedo ser más específico. E...

El libro del olvido

Ayer por la noche hable con mi madre por teléfono, desde Mallorca, donde ahora vivo, en la ciudad amurallada de Alcudia, cerca de Alcanada. Vivo intramuros, casi murado, detrás de una de las viejas torres que blindaban el largo lienzo. Es hoy una imagen idílica, pero a veces, mientras desayuno, pienso en las viejas y crueles guerras que debieron tiznar mis ventanas de sangre y fuego. Mientras escribo esta nota, el mar ahora tranquilo se agita delicadamente entre las rocas recubiertas de posidonia de la pequeña cala de Sa Bassa Blanca, que da nombre al museo que dirijo. La posidonia, junto al agua, es un manto verde y oscuro que protege la línea de costa de la erosión. Es un manto denso, y me hace pensar en la imagen de una cabellera entrecana y rala, ya bajo el sol, que le hubiera brotado a la roca dura. A lo lejos se ven pocos barcos en la bahía inmensa. Es invierno, y hace frío. Le he tenido que explicar a mi madre de nuevo qué es lo que hago en Alcudia, y las razones por las que ...

Fracasos que son victorias. Panero.

Hace unos meses mi más reciente editor de poesía,  Huerga & Fierro,  y mi más antiguo, pues median treinta años entre mi primer y mi último libro en esa casa publicados, solicitó en su pagina editorial una propuesta de título para un libro de Leopoldo María Panero. Yo respondí, desde luego. Y aquí hago pública esa respuesta. Sirve de homenaje a mi amigo Leopoldo, pero por extrañas circunstancias, este título me sirve también a mí, ahora que he sufrido un herem medieval por parte de un grupo de indocumentados y amateurs de la política. Y este herem me recuerda la condición de exilio propia y consustancial al escritor y al artista, y en este sentido mismo, y como me han dicho muchos amigos, tal vez sea ello para bien, pues allí donde se pierde un gestor, se gana un poeta, -en palabras de Samuel Bosini Narral , mi editor porteño- si bien digo que perdido, nunca estuvo, eso que quede claro, pues mi lealtad a la Musa y Apolo, va por encima de todas.  En cuanto al lib...

Cuatro Poemas Circulares de J. L. Borges.

Cuando yo era adolescente, a finales de los setenta, y comenzaba a escribir, y aun durante los años ochenta, estaba en boga de los malos poetas de la Escuela de la Experiencia, y de otros epígonos cansinos del gran Ángel González, el criticar la poesía de Borges. Tampoco era bien vista su poesía en los círculos que frecuentaban las tertulias de Cuadernos Hispanoamericanos, como no gustaba Lezama Lima, y en general la poesía barroca latinoamericana. No gustaban del porteño sus rimas evidentes, su ritmo clásico, su historicismo narrativo, y menos aún la filosofía perenne y la poética de la analogía y la circularidad que anidaba en sus poemas. Decían estos además que Borges escribía muy buenos cuentos, pero llenos de “erudición prestada”, como si esta pudiera ser de otra manera, y que desde luego no era poeta. Para su desgracia, y pese a dominar gran parte de la escenografía de la crítica que se hacía en los medios hispánicos, Borges se impuso él solito, como se imponen los poetas, con s...

El sentido del peligro. Borges. Paz.

Que el sentido del peligro determina y que se justifica en sí mismo es algo obvio, poderoso, inmediato, aprehensible y en apariencia injustificable. Y por ello a los soldados, a los conquistadores, a los mercaderes y a los mártires y profetas de cualquier época, religión o patria, no les ha importado caer en la lucha. Y tal vez, sospecho, la misma sospecha que atenazaba a Borges, que no sólo sea cuestión de voluntad sino deseo de rozar un único e íntimo misterio que en ocasiones la realidad nos muestra de soslayo y que los espíritus sedentarios, por oposición a estos, no podemos comprender.  Esos otros, los primeros, aspiran por la vía rápida y tumbativa a dejar sus nombres y sus vibrantes desvaríos en las páginas de la historia, para bien o para mal, tantas veces. Ahora bien, que este sentido del peligro engrandezca y haga más humana, más libre, nuestra condición, es algo que me permito dudar. Aunque incluso en la intención del actor heroico se encuentre este enunciado, este patho...

Las aguas leteas (I). Gil de Biedma.

Poeta y joven: todo casa; o casaba. Tal vez por eso los poetas nos buscamos. Y lo hacemos incluso a partir de un cierto momento, cuando ya comprendemos “que la vida iba en serio” y que el argumento desagradable de la obra se ha cumplido contra uno mismo, por acordarnos de esos adelantados Poemas Póstumos de Jaime Gil de Biedma. Y tal vez para no perderse del todo escuchando la voz propia, con sus acentos, desde el aislamiento más íntimo, nos obligamos de vez en cuando a acudir al encuentro con poetas mayores, para confirmar en ellos nuestra propia locura, esa que le hacía preguntarse al poeta, al final de su vida: ¿por qué escribí? El ejercicio de la poesía, al cabo, no es profesión, excepto para algunos expertos en premios y asiduos visitantes de bodeguillas y covachuelas administrativas del Estado donde se reparten influencias, prebendas y sinecuras. Para el resto de los mortales, la poesía es un misterio, y resulta por ello completamente natural que los poetas busquen de vez en cua...

La metanoia y el amor. Cooper, Salinas, Valéry.

No es una droga química pero casi. Digamos que es el proceso que en su tercer grado nos permite conocer de verdad a los demás, en realidad, es una conversión total, un proceso de reconocimiento de nosotros mismos en la obra y yo creo que la literatura exige esto, ni más ni menos. Por eso lo comparo con el amor. Fue David Cooper el que dijo: "Hacer el amor es bueno por sí mismo, y tanto mejor cuantas más veces se haga, de cualquier manera posible e imaginable, entre el mayor número de personas y durante la mayor cantidad de tiempo posible". Y de alguna manera, cuando se escribe del amor, hay que sentirlo, o hay que recordar haberlo sentido, uno necesita estar "convertido" en sujeto paciente del amor mientras escribe. Ciertas cosas no se pueden fingir. ¿O tal vez sí? Dice Pedro Salinas: "Iré rompiendo todo lo que me echaron encima desde antes de nacer. Y vuelto ya al anónimo eterno del desnudo, de la piedra, del mundo, te diré: "Yo te quiero, soy yo". (...