El oficio de escribir: Escribir es desaparecer como el ánfora rota
Un escritor, forzado a un
extremo, esto es, asumida su condición liminar, debe mostrar lo que es
prisionero en una celda, con un lápiz y unas cuartillas. Por lo menos debe
mostrárselo a sí mismo.
| Roberto Usigli.Walter Havighurst Special Collections. |
Luego, damos otro con un tipo de individuos a los que les gusta decirse escritores, como el que dice: “Me encanta la jardinería”. Y son los que nos cuentan que todavía esperan unos años más para
sacar a la luz esa gran novela, - una
novela total -, nos responden cuando preguntamos por la trama, una novela que
vendrá a destruir o a cimentar toda la narrativa existente. Y añaden con toda
seriedad que para escribir algo interesante hay que tener cuarenta, cincuenta o
sesenta años, dependiendo esta cifra de la edad que ellos tengan y de lo que
crean que ha de tardar la inspiración que les haga culminar tal obra total.
Me quedo con Roberto Usigli, y con él recordamos a aquel hombre
que en una esquina esperaba su talento. Pero lo malo es que no pasaba por
aquella esquina.
Anotó Usigli en su Diario: “Es cierto que si esperamos la palabra
original corremos el peligro de encontrar después de muchos años que no pasa
por esta esquina. La única manera de no pasar de moda es no estar a la moda.
Escribir es desaparecer como el ánfora rota”. Y es que con algunas personas es
necesario averiguar el límite que separa la pose, el afeite, lo esnob, de la
piel propiamente dicha, para descubrir, desilusionados, lo poco que queda de
esa persona separada de aquella suerte de efímeros disfraces.
Y este no es un
discurso contra lo sofisticado sino contra lo falso, contra aquellos sujetos
carentes de franqueza propia y ajena. Porque lo decisivo no son esas
innumerables cosas, figuras, palabras que nos rodean, siempre cambiantes, sino
aquellas que asumimos, aquellas que incorporamos a nuestro ser, que elegimos
como nuestras desechando las otras que no nos convienen.
(De El Cuaderno de Egipto, 1986, Una fatal pérdida de tiempo, Madrid: Libertarias. 1986)
Se puede escribir sobre un tema, una idea, un encargo. O sea, redactar con más o menos gracia y estilo...pero harina de otro costal es hacer literatura. No todo escritor, evidentemente, hace literatura, pues esta hay que buscarla en la experiencia, real o fantástica, del escritor que se comunica con sí mismo, pues escribir de aquello que no se experimentó, o el autor creyó haber experimentado fantaseando, es plagio. El escritor literario subyace en los personajes de su fábula, trasuntos reales o imaginarios de él mismo: es el bueno y el malo de su obra, es el asesino y el asesinado, el vencedor y el derrotado, como Cervantes es tanto don Alonso Quijano como Sancho Panza, como la Trifaldi o el caballero del Verde Gabán. Tal es en mi concepto el diálogo consigo mismo del escritor que hace literatura, que se interroga y se responde, que se oculta y reaparece en el texto en este o aquel personaje, en tal o cual paisaje o evocación. Lo que nos entrega el escritor que hace literatura es su vida, la que fue, la que pretendió ser, la que fracasó frustrada, la que gozó y la que padeció. Nostalgias, melancolías, éxitos y derrotas, porque lo que no se ha vivido, real o imaginariamente, es simulación y suplantación, es falso. Dixit. Zahoro/Juanjo
ResponderEliminar