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Mostrando entradas de octubre, 2010

La metanoia y el amor. Cooper, Salinas, Valéry.

No es una droga química pero casi. Digamos que es el proceso que en su tercer grado nos permite conocer de verdad a los demás, en realidad, es una conversión total, un proceso de reconocimiento de nosotros mismos en la obra y yo creo que la literatura exige esto, ni más ni menos. Por eso lo comparo con el amor. Fue David Cooper el que dijo: "Hacer el amor es bueno por sí mismo, y tanto mejor cuantas más veces se haga, de cualquier manera posible e imaginable, entre el mayor número de personas y durante la mayor cantidad de tiempo posible". Y de alguna manera, cuando se escribe del amor, hay que sentirlo, o hay que recordar haberlo sentido, uno necesita estar "convertido" en sujeto paciente del amor mientras escribe. Ciertas cosas no se pueden fingir. ¿O tal vez sí? Dice Pedro Salinas: "Iré rompiendo todo lo que me echaron encima desde antes de nacer. Y vuelto ya al anónimo eterno del desnudo, de la piedra, del mundo, te diré: "Yo te quiero, soy yo". (...

Prosa Paradojica. Ortega y Gasset.

Podemos no estar de acuerdo en lo que dice. Pero es muy difícil estar en desacuerdo en cómo lo dice. Me refiero a Ortega y Gasset. Cito dos ejemplos de aquel estilo paradójico que también practicó ese otro gran maestro de la prosa que fue José Bergamín: El poseedor de cultura ya no aprende; ha olvidado todo lo que sabe para ser el que es. El andaluz no es un desganado, sino un ganador de la nada, un aristócrata del tiempo.  Este estilo que cultiva la agudeza, el witticism , conviene a toda prosa que quiera ser elegante, plural, y que practique un juego de aperturas, como un secreter que esconde en sus gavetas lo mejor de su hechura. Es también otro ejercicio de distancia, otra forma de la ironía, quizá  hasta un lenitivo contra la crueldad. Tengo un amigo que es uno de esos llamados optimistas antropológicos; varias veces se ha arruinado en los negocios y otras tantas se ha levantado. Le suelo decir: a ti y a mí nos estarían llevando al paredón para fusilarnos y todavía me di...

La fama. Los años ganados, perdidos.

¿En qué medida seria o en qué sentido profundo podemos decir o hablar de años ganados? Nuestra experiencia inmediata de historia, de la historia de lo acontecido en nuestra vida, y en la de nuestros padres y abuelos, y de la historia de lo leído y transcurrido nos dice que los años nunca se ganan sino que se pierden. La historia, su periplo, para hacerse, nos hace perder todos los años, y, con ello, nuestra vida. Es así como un sujeto colectivo que nosotros hemos trascendentalizado se constituye a nuestras expensas, sobre nuestra chepa. Pero nuestra conciencia interior, nuestra conciencia de individualidad, cualquiera que sea nuestra propia percepción de nosotros mismos, nos habla, nos sugiere, al contrario, de años ganados. Esa consciencia de individualidad, me asusta decir nuestro yo, crece y se consolida, en sus miedos y en sus éxitos, sobre la percepción interior de un crecimiento por acumulación que nos sobrevive, que se sobrepone a nosotros desde la experiencia de esos años que s...

El control de las personas. La libertad del escritor.

En Manufacturando el consenso (1988) e Ilusiones necesarias (1989), entre otros libros, Noam Chomsky nos explica cómo se ejerce el control del pensamiento en las sociedades democráticas. Chomsky es uno de los grandes intelectuales libres de nuestro tiempo. Una mente lúcida e inquieta. Y este es un tema querido de los norteamericanos, en la tradición de eso que Alexis de Tocqueville llamó “soft despotism” o despotismo ligero en su libro sobre la democracia americana, publicado en 1835. Tuve la suerte de conocer a Chomsky, de prologarle un libro en la edición española ( Año 501: la Conquista continúa, 1993 ). También le pude hacer una breve entrevista en Washington D. C. para El País, por esa época. En esa línea, tengo la impresión, tal vez errónea, de que uno de los objetivos primordiales pero no declarados del proceso de “socialización del individuo”, del proceso de incorporación de este a la sociedad es el de idiotizar a ese mismo individuo. Las excepciones al consenso no sirven más ...

Los mitos, los astros, y Alejo Carpentier.

El escritor inventa, finge o cree en distintas mitologías, referencias con los otros, no sólo con los de nuestro tiempo sino con los otros de otros tiempos. El mito es una manera de detener el tiempo puesto que nos pone en paridad con el tiempo de quienes lo crearon y nos hace dialogar con ellos en un mismo espacio-tiempo. Nosotros, además, al vivificarlo, lo reescribimos. El mito es una supercuerda que nos hace viajar en el tiempo, y es lo más cercano y accesible al mundo de la magia que el escritor posee. Los mitos pueden ser de todo tipo, utópicos o presentistas, laicos y civiles, gentiles y paganos, religiosos de toda laya y condición, filosóficos y siempre literarios. ¿Cuáles son nuestros mitos, nuestras mitologías más íntimas? Esas que soñamos despiertos, a veces. Dice Alejo Carpentier: “Por el nombre de las constelaciones remontábase el hombre al lenguaje de sus primeros mitos, permaneciéndole tan fiel que cuando aparecieron las gentes de Cristo, no hallaron cabida en un cielo ...

La ironía. Un ejemplo de Valle-Inclán y otro de Fernando Pessoa.

Supongo que relacionado con ese ejercicio de distancia al que antes aludía selecciono estas dos citas que nos pueden ayudar a pensar de otra manera. En la cita de Valle-Inclán hay muchas cosas, desde el esteticismo muy propio de su época de finales del siglo XIX y del amor por las ruinas y los jardines dolientes hasta esa postura muy literaria y querida por todos que nos hace simpatizar con los perdedores. En la cita de Pessoa, se cierra otro círculo gigantesco de ironía, casi filosófico, donde el todo y la nada se funden, y donde el poder del poeta, en su soledad o en su delirio, le hace transcender el mundo entero, pareciéndose al Dios, o siendo uno de ellos. Dice Valle-Inclán: “Yo hallé siempre más bella la majestad caída que la sentada en el trono, y fui defensor de la Tradición por estética. El Carlismo tiene para mí el encanto solemne de las catedrales, y aún en los tiempos de guerra me hubiera contentado con que lo declarasen monumento nacional”. ( Marqués de Bradomín , en Sona...

La Nacionalidad, según Luis Cernuda.

Dice Luis Cernuda: “Sí, soy español, lo soy a la manera de aquellos que no pueden ser otra cosa: y entre todas las cargas que, al nacer yo, el destino pusiera sobre mí, ha sido esa la más dura. No he cambiado de tierra, porque no es posible a quien su lengua une, hasta la muerte, al menester de poesía”.                                    ( Peregrino. Desolación de la Quimera , 1962). Viene siempre bien hacer una reflexión sobre esto y sobre nuestra relación con nuestra lengua, con la de cada uno. Cernuda se encontraba en el exilio. Pero él habla de otra tierra, que es la del menester (lo necesario), la del oficio de poeta. De modo que su lengua y su nación vienen a coincidir casi o a ser lo mismo. Pero al tiempo nos habla de destino. La literatura es un destino, es algo que uno no parece haber elegido, sino que lo eli...