Diario de la peste (3, 25 de marzo, Ojalá estemos a tiempo)
Ojalá estemos a tiempo Hoy sí sale el sol de verdad. Luce fuerte. Victoria de Helios, el dios primero. El que nos llevó al Finisterre. Sacamos ropa, zapatillas, las mantas y colchonetas de Lissie al balcón, y las mascarillas de un solo uso, pero que ahora son eternas. Al virus no le gustan los rayos ultravioleta, así que todo lo ponemos la sol, incluyendo las manos que hoy me arden. Con tantos líquidos que usamos para desinfectarnos, esta mañana, al volver de la calle, froté una mesa de la cocina -donde había dejado las compras del día- y los pomos de una puerta, con un producto que requiere guantes. Me equivoqué de envase. No es nada. No están las cosas para ir al médico por una reacción alérgica. "Mire, no sea tonto, y sea más cuidadoso", me dirán. "No hay que molestar". No, no están las cosas para molestar. Ayer noche, cerca de las doce, a través de un grupo de WhatsApp nuestra vecina estaba preguntando si teníamos gafas de buceo, mascarillas de snorkel que...