Bruno Schulz. Madurar hacia la infancia.
Bruno Schulz. Madurar hacia la infancia. Relatos y dibujos. Madrid: Siruela, 2025
Supongo que para muchos de los que lean esta nota el mundo de Bruno #Schulz, escritor e ilustrador, le será cercano. Y supongo que muchos de los amigos habrán leído ese germinal libro que es “Las tiendas de color canela”, en edición de Carlos Barral de 1972, con traducción de Salvador Puig. Tengo esa edición que compré hace muchos años, en las que muchos descubrimos a este autor polaco que escribía en la línea de un Kafka. Para mí, seguir las huellas de Schulz fue descubrir al tiempo o poco más tarde la literatura de Gombrowicz, Witkiewicz. Y luego la de Musil, y otros centroeuropeos. Qué importante fue para todos nosotros Carlos Barral, editor. Su editorial fue mi escuela.
Mi nota de hoy no quiere ser estrictamente literaria, sino vital. Bien, sí, por una parte quiero reseñar este libro porque la edición de #siruela es excelente, al igual que lo es la introducción de Francesco Catalucio. Y la traducción de Elzbieta Bortkiewicz. El grueso volumen de más de quinientas páginas reúne “Las tiendas…”, y numerosos escritos, fragmentos, textos críticos y políticos y dibujos y grabados de este extraño expresionista, cuasi goyesco.
Pero mi nota va en otro sentido, walterbenjaminiana, pues comparto su enseñanza cabalística-golemniana de que podemos seguir salvando a los caídos y vencidos si los convocamos y recordamos. Y supongo que ¿también condenando a sus ejecutores? Digo esto porque hace poco he leído en #ElPaís que los alemanes, o al menos muchos cientos de miles de alemanes, están haciendo un ejercicio, ¿por fin?, de averiguación de lo que sus abuelos hicieron durante la Segunda Guerra Mundial, y los años 30. La noticia completa firmada por Almudena del Cabo dice “¿Era mi abuelo un nazi? Los alemanes se lanzan a la consulta ‘online’ del archivo nacionalsocialista. Más de 1,5 millones de personas buscan a sus parientes en las fichas de afiliación al partido de Hitler publicadas ahora en formato digital por Estados Unidos”. Ver ref. del artículo en El País.
Este ejercicio se puede hacer ahora gracias a una página que han abierto los Archivos Nacionales de Estados Unidos, ya que la copia alemana sigue ofreciendo ciertas “dificultades”, requiere registrarse, justificarse, en fin, esas cosas de los pactos de silencio para no indagar en la memoria histórica que conocemos muy bien en España. En la página norteamericana se pueden consultar los datos sin ningún problema.
Ese día se produjo una razzia en la que entre 100 y 300 judíos fueron asesinados en las calles de la ciudad. Schulz, a cien metros de la que había sido su casa, “tropezó” con otro miembro de la Gestapo, de nombre Karl Günther, que lo hizo ponerse de rodillas y le pegó dos tiros. Según testigos y biógrafos (véase Jerzy Ficowski, enlace del Fórum Schulz de arriba), Gunther estaba enrabietado porque su colega Landau, a su vez, había asesinado a “su judío esclavo”. Otras fuentes dicen que el miembro de la Gestapo que disparó fue Friedrich Dengg.
He recordado todo esto al adquirir el libro “Madurar hacia la infancia”, y teniendo cercano el reciente artículo de El País. ¿Me pregunto si estarán los nietos de Félix Landau, Karl Günther o Friedrich Dengg consultando la web del Archivo de marras? ¿Qué se podrán decir? No sé. Igual son unas personas maravillosas... No sé
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