El Camino budista de Shikoku Henro: un viaje iniciático.
Como viajero y antropólogo, el mundo de las peregrinaciones espirituales, entendidas como ritos de pasaje y de aprendizaje, sus mitos y ritos, antiguos y modernos, ha sido una constante fuente de inspiración de mi trabajo, reflejado en libros.
El Camino Budista de Shikoku Henro es testimonio de una indagación que me llevó a la isla japonesa de Shikoku, que se encuentra al sur de Honshü, la isla principal del archipiélago. Es allí donde tiene lugar la llamada peregrinación de los 88 templos budistas que siguen las enseñanzas de Kukai (774-835), un monje que fundó la vertiente o secta budista conocida como Shingón.
Al seguir las huellas de este reformador religioso, luego conocido como Kōbō Daishi, y de este camino de peregrinación que tiene algunas similitudes con el Camino de Santiago, el autor nos hace conocer la realidad de esta misteriosa y antigua ruta entretejida de experiencias Zen, de hospitalidad ossetai, de ética y estética wabi-sabi, de prácticas místicas, poéticas y artísticas, al tiempo que el viajero observa y confronta algunas de las costumbres y usos del Japón nuestros días.
El libro se inicia con un Pórtico de Amalia Sato, la traductora al español de El Libro de la Almohada de Sei Shônagon (S. X), y con un prólogo del profesor Hikaru Ebesu, especialista en las peregrinaciones japonesas. Y se cierra con un ensayo del autor sobre el significado del Caminar y el Pensar como acto de trascendencia vital.
El origen salvaje: La isla sagrada de Shikoku. Por el Prof. Hikaru Ebesu (del Prólogo)
Para entender el impacto de esta ruta, hay que viajar doce siglos atrás. El Shikoku Henro no nació como un sendero turístico, sino como un desafío extremo de comunión con la naturaleza:
"El Shikoku Henro es una extraordinaria peregrinación de tipo circular de 1400 km de longitud total que recorre 88 lugares sagrados vinculados a Kōbō Daishi (Kukai) [...]. El prototipo del Shikoku Henro era el entrenamiento en bosques y montañas (sanrin shugyo) para intentar integrarse con la naturaleza de Shikoku, tal como lo hizo Kukai hace más de 1200 años."
La isla de Shikoku siempre albergó una mística especial en el imaginario japonés:
Prácticas de purificación (jogyo): Nacidas en el período Nara, consistían en realizar duras austeridades en rincones inhóspitos para limpiar el cuerpo y acumular méritos.
El entrenamiento en las periferias (heji shugyo): En el período Heian, los monjes se alejaban de la capital hacia las costas y montañas más abruptas. El cabo Muroto (Tosa) se convirtió en la mismísima puerta de entrada a la Tierra Pura.
Caminar, escribir y pensar: La transformación alquímica. Por Amalia Sato (del Pórtico)
Caminar un territorio no es solo avanzar; es dejarse transformar. En el pórtico del libro, la célebre traductora Amalia Sato (conocida por su trabajo con El Libro de la Almohada) nos invita a mirar más allá de la postal turística y a conectar la marcha con la poesía y la historia áspera:
"Me encantó que cites la relación entre el movimiento pendular de la marcha de los camellos y la escansión de los poemas árabes, y me pregunté si hubo también, en tu caso, adivinación por palabras oídas al azar en el cruce de algún camino."
Amalia destaca del libro la mirada honesta, que huye de los clichés:
Lejos de la estética complaciente: Observaciones que escapan a la "estética tranquilizadora" para señalar también las grietas, dolores y humillaciones de la historia.
Lazos de Oriente y Occidente: El puente inevitable entre el Camino de Santiago y la ruta de Kukai (pautada en el libro por siete días de marcha y siete haikus de mi autoría).
La "almohada de hierbas": El concepto de la kusamakura (inmortalizado por Natsume Sōseki) como el reposo metafórico del caminante que se despoja de lo cotidiano.
Calarse las sandalias en este camino es, en palabras de Amalia, una auténtica "transformación alquímica del ser" en ese rincón del mapa que los portugueses llamaron la "Pestaña del mundo".
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