El Camino Budista de Shikoku Henro, en Santiago de Compostela
El libro revisa e incide en experiencias Zen, y prácticas místicas; la hospitalidad tradicional japonesa (ossetai); la ética y estética wabi-sabi; y se completa con un ensayo sobre el suceso de "caminar, escribir y pensar". El libro cuenta además con el prólogo de Amalia Sato (traductora de El Libro de la Almohada) y un estudio del profesor Hikaru Ebesu, especialista en peregrinaciones.
De este ensayo sobre el Caminar y el pensar copio un par de párrafos:
Siguiendo esos caminos de viajeros orientalistas y lecturas varias, y dando un paso más allá, o más acá, caminar, en una interpretación de René Guénon, otro viajero que terminó sus días en Egipto convertido a una suerte de sufismo, consistiría en colocarse en el no-tiempo, y este sería uno de los procedimientos disponibles hoy para alcanzar otro tipo o estado de conocimiento que bien podemos llamar poético. En Occidente, por esa época, fueron muchos los eruditos que siguieron esta tradición de la Philosophia Perennis así llamada por Leibniz, entre los que igualmente podemos acordarnos de Marius Schneider, Juan Eduardo Cirlot, Juan Mascaró, Ananda Coomaraswamy, Aldous Huxley, Mircea Eliade, Heinrich Zimmer o Schwaller de Lubicz, por citar sólo a algunos de aquellos inspiradores de mis indagaciones y caminares por distintos lugares del mundo.
Caminar es aprender a estar sólo. Los buenos caminantes son aquellos que se han echado al monte o a la ciudad, que comparten la experiencia de camino, pero también aprenden a trazar su propio camino, porque al final la tarea del caminante poeta que busca su sentido propio con obstinación consiste en recrear un viejo camino que se nutre de los caminos gastados y a veces desprovistos de sentido por convenciones y añadidos. Sólo se ha de llegar, por muchos puentes que le tiendan. También, con el tiempo, he aprendido que para el caminante que inicia un viaje o una larga ruta, lo menos decisivo es llegar a parte alguna. De broma, suelo decir que el verdadero camino comienza cuando el plan falla, cuando nos hemos perdido donde uno se tiene que perder. Aquí comienza la magia del caminar y del pensar libre, cuando lo imprevisto se hace posible. Todo viaje supone una subordinación de la vía del conocimiento, por la vía del estudio y la reflexión, a la vía del conocimiento por la vía del contacto, por una vía de posesión casi erótica. Caminar se convierte así en una cópula ex mundi.

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